ARTELOGIE IX
(JUIN 2016)
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Huellas urbanas : “Flor de Asfalto”

Perla Krauze

Artista multimedia, Mexico D.F.


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Huella, flor, asfalto, pavimento

Durante mis caminatas y recorridos, realizo intervenciones en las grietas que encuentro a mi paso en las calles, carreteras, tanto en sitios urbanos como en zonas rurales, “rellenando” estas grietas de diversas maneras. El objetivo es evidenciar o hacer “visible” lo que cotidianamente pasa desapercibido en el paisaje urbano : la enorme fuerza de la naturaleza que continúa presente, ahí en el asfalto, mostrando su potencia, hablando de vida y de entereza. Al conferir importancia a las grietas de las calles, en las que crecen miles de plantitas y de flores a pesar del paso de miles de automóviles, intento darle un lugar, por momentos monumental, a lo pequeño y efimero.


Pour citer l'article:

Perla Krauze - « Huellas urbanas : “Flor de Asfalto” », in Essais, chroniques et témoignages .
(c) Artelogie, n° 2, 2012.

URL: http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article103

Comúnmente se habla de “flor de asfalto” cuando se evocan las flores y la vegetación que crece abundantemente en las grietas de los pavimentos urbanos. Tan solo hace falta que haya una pequeñísima grieta en el asfalto para que ésta comience a crecer y casi se apodere del sitio. Estas flores son para mí un recordatorio que habla de la oposición entre la naturaleza y lo hecho por el hombre.

En mi obra, trato de contraponer lo efímero a lo permanente, lo natural a lo artificial. La memoria, el paso del tiempo y las huellas que deja son importantes para mí ; también lo es la ciudad, su espacio, el asfalto roto y la transformación tectónica.

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Desde hace años comencé a hacer piezas que “den fe” o que hablen de esta situación. Hasta cierto punto, lo que hago es evidenciar las grietas y las fisuras que existen en todo sitio y en nosotros mismos para hacerlas visibles ante el espectador, ya que generalmente pasan desapercibidas en nuestro caminar diario. Hago recorridos en la ciudad constantemente y por alguna extraña razón observo en los pavimentos y aceras las marcas, las líneas o los parches que nos muestran el paso del tiempo, los constantes cambios y las transformaciones en la ciudad.

En ocasiones, los cambios son grandes y modifican todo de manera abrumadora, como en el caso de los terremotos o de los fenómenos naturales. Otras veces, son situaciones más lentas, muy sutiles, casi invisibles. Son pruebas fehacientes de las transformaciones que suceden en la ciudad día a día. Puede suceder que las grietas aparezcan debido al crecimiento de los árboles : sus enormes raíces terminan por romper la acera o el pavimento. También hay transformaciones hechas por el quehacer cotidiano del hombre : cortes para instalar cables eléctricos o el drenaje que añaden capas, líneas o más asfalto sobre esas grietas. En todo caso, es algo común que sucede en el ámbito urbano.Evidenciar las diferentes formas de las grietas ha sido para mí una manera de confrontar la naturaleza y lo artificial.

Durante mis caminatas y recorridos, realizo intervenciones en las grietas que me encuentro a mi paso en las calles, carreteras, tanto en sitios urbanos como en zonas rurales, “rellenando” estas grietas de diversas maneras. En un principio, solo las rellenaba de plastilina de colores haciéndolas más visibles. Más tarde, comencé a “plantar” “flores artificiales” o semillas de flores locales que crecen y se convierten en nuevas topografías, en pequeños prados o en líneas florales. Para mí, rellenar y “resanar” la grieta con plastilina de colores, es evidenciarla. “Plantar” semillas y regar diariamente para que poco a poco crezcan esas plantas exige tiempo y esfuerzo. En cambio, cuando no se dispone de tiempo para regar y cuidar cotidianamente de las semillas, “plantar flores artificiales” de tela o de plástico, se convierte en una forma artificial de mostrar esas grietas ahora visibles.

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El recorrido es generalmente aleatorio, los caminos son poco controlados. Aunque resulta importante el recorrido, considero fundamental evidenciar los lugares poco “importantes”, que no son sitios arqueologicos o se encuentran fuera de las rutas o sitios públicos más transitados. Se puede tratar de un estacionamiento, una calle perdida o una carretera abandonada. Las flores permanecen en el sitio donde se han “plantado” para que las circunstancias definan su destino.

Normalmente el recorrido e intervención lo realizo sola. En algunos casos, han colaborado personas cercanas o voluntarios. En el Museo de la Estampa (México), era patente la disposición del personal para ayudar. En otras ocasiones, son habitantes del lugar. Por ejemplo, en Japón, en la comunidad de Koarato, todas las personas mayores de sesenta y cinco años plantaron las flores en los campos de arroz.

Esta exploración comenzó de una manera curiosa : fue la respuesta a un comentario de una curadora durante una residencia de artistas en el Banff Center en Canada. Ella me preguntaba cuáles marcas y huellas dejaría yo durante mi estancia. Observando con detenimiento las fisuras del piso, decidí hacer “visibles” las grietas de los pasillos, rellenándolas con plastilina de colores durante la noche, cuando nadie veía. Al día siguiente, los vecinos descubrían a su paso, asombrados y con una sonrisa, lo que siempre formaba parte del piso, las marcas o huellas del tiempo, ahora más visibles y evidentes. Fue la primera vez que entendi que estaba trabajando con la memoria del sitio.

De regreso a México a mediados de 2002 retomé el proyecto en la colonia Roma. Más tarde, en agosto de 2005, lo llevé a cabo en el Centro Histórico de la Ciudad de México y entonces lo titulé “Flor de Asfalto”. Desde entonces, continúo realizando estas intervenciones en diversos sitios, ciudades, paisajes y latitudes.

El objetivo es evidenciar o hacer “visible” lo que cotidianamente pasa desapercibido en el paisaje urbano : la enorme fuerza de la naturaleza que continúa presente, ahí en el asfalto, mostrando su potencia, hablando de vida y de entereza. Al conferir importancia a las grietas de las calles, en las que crecen miles de plantitas y de flores a pesar del paso de miles de automóviles, intento darle un lugar, por momentos monumental, a lo pequeño y efimero.

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He elaborado esta intervención en varios sitios urbanos o en la naturaleza misma. Trabajé en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en las colonias Roma, Condesa y Tlatelolco. He hecho recorridos en cuatro estados de los Estados Unidos : Utah, Arizona, Colorado y Nuevo México y también en la Echigo Tsumari Art Triennial en Koarato, Japón. En cada uno de estos sitios, la realización del proyecto fue ligeramente distinta. Sin embargo, siempre consistió en hacer visibles el sitio mismo y su memoria “plantando flores” naturales o artificiales.

En el Museo de la Estampa de la Ciudad de México, “planté” semillas de cempasúchil, chile, cilantro y otras variedades, para que crecieran en las grietas de la Plaza de la Santa Veracruz. En el caso de la intervención para el Center for Contemporary Art, en Santa Fe, Nuevo México, así como en el desierto de Nuevo México y en el Suroeste de los EUA, utilicé flores artificiales para contrastarlas con el paisaje desértico natural que existe en la región. En Koroato, Japon, en julio del 2009, utilicé flores naturales y artificiales. Los habitantes plantaron las flores desde el pueblo hasta los arrozales que lo rodean, y ademas en las grietas de una casa plantaron flores artificiales.

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La gente responde de manera distinta en cada lugar. El espectador o cualquier persona que camina por la calle, se sorprende y se pregunta cómo llegaron ahí las flores. En México, tras el asombro, la gente sonríe y observa crecer estas plantas, como si hubieran aparecido por generación espontánea. Casi siempre las toman y las llevan consigo para colocarlas, me imagino, en pequeños altares y asi adornarlos con “flores que son para siempre”, como me dijo una persona en alguna ocasión en un mercado en la Ciudad de México.

En sitios como Nuevo México, generalmente nadie quita las flores de su lugar. Puede pasar un invierno, nevar y las flores permanecen ahí, contradiciendo la época del año. En una ocasión, en el Santuario de Chimayó, las flores artificiales que planté en el exterior del atrio aparecieron una hora más tarde dentro del santuario de la Virgen.

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Las flores de plástico, generalmente hechas en China, son vendidas en México en puestos ambulantes del Centro Histórico. Ello invita a reflexionar acerca de temas como la movilidad, el mercado informal, las migraciones, la ecología, la globalización.

Hacer “visible lo invisible”, lo que pasa desapercibido, ha sido una experiencia fascinante. Una forma sutil y poco grandilocuente de intervenir públicamente y de manera efímera en el paisaje urbano y rural.

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