ARTELOGIE IX
(JUIN 2016)
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Vicisitudes y horizontes de las artesanías de la Región del Rapel, en Chile Central frente a la Globalización : del metal en Coya y de la fibra vegetal en Chimbarongo.

Héctor Caviedes Brante, Catalina Codelia Contreras, Claudia Aranda Bellenger

H. Caviedes es profesor de Geografía, Departamento de Historia, Universidad de Chile, edcavied@uchile.cl ; C. Codelia es profesora ayudante de Geografía, Departamento de Historia, Universidad de Chile, catacode@u.uchile.cl ; C. Aranda es licenciada en Historia, Universidad de Chile, arandaclaudia@yahoo.es

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Territorio -Globalización - Cultura - Artesanía –Identidad

El artículo analiza dos topos de artesanía que se desarrollan en la actualidad en el área de la Región del Rapel : la de cobre de la localidad de Coya y la de mimbre de la comuna de Chimbarongo. Dichas localidades fueron impactadas por procesos de modernización y globalización que han contribuido a la desterritorialización y han puesto en el debate la problemática de la identidad y los productos culturales. Si bien los gobiernos han optado por fomentar rutas turísticas en la zona que permitan incluir a estas artesanías en un circuito de ventas sin mucho éxito, también han utilizado estos bienes culturales “típicos” para formar un repertorio bajo el rótulo de patrimonio cultural que tiende a reforzar la identidad nacional bajo los moldes del Estado. Mientras tanto, estas artesanías no han contribuido a terminar con el éxodo de población en las localidades aludidas y permanecen aún como actividad de complemento del presupuesto familiar.


Pour citer l'article:

Héctor Caviedes Brante, Catalina Codelia Contreras, Claudia Aranda Bellenger - « Vicisitudes y horizontes de las artesanías de la Región del Rapel, en Chile Central frente a la Globalización : del metal en Coya y de la fibra vegetal en Chimbarongo. », in Dossier Thématique - Image de la nation : art et nature au Chili .
(c) Artelogie, n° 3, Septembre 2012.

URL: http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article131

La Región del Rapel

El connotado geógrafo estadounidense Edward Soja sostiene -en su obra Posmetrópolis- que el término “región” proviene del latin regere o regir, es decir, aquello que se impone y circunscribe a un segmento o parte de la superficie terrestre (SOJA, 2008 : 42), otorgándole particularidades que la individualizan al interior de un determinado contexto. En virtud de lo anterior, un sistema de escorrentía superficial u hoya hidrográfica puede ser considerado como región en tanto cumple con aquel requisito.

En relación a esta misma temática, el académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Sergio Boissier, establece que la región es cualquier recorte del territorio que posee en su interior todos o gran parte de los factores causales de su desarrollo (BOISSIER, 1991 : 43). En consecuencia, también se puede deducir que en una región existe un potencial de recursos territoriales –naturales y humanos-, que dan cuenta de la producción regional y que le imprimen o estampan su sello particular a cada una de ellas.

En este contexto, las manufacturas que han sido confeccionadas artesanalmente a partir de elementos de la naturaleza provenientes de su entorno se transforman no solo en fuentes de trabajo sino también en íconos en el ámbito de una región. Tal es el caso de las numerosas producciones artesanales de la Región del Rapel, entre las cuales están las de metal en Coya y de fibra vegetal en Chimbarongo.

Todo lo anterior nos permite establecer que en el territorio de Chile la cuenca hidrográfica del Rapel conformaría una región en la que, a través del tiempo, se han desarrollado manifestaciones artesanales que se imbrican en las formas de producción predominantes en el área y en sus respectivas prácticas culturales.

Figura Nº1 : Mapa de la Cuenca Hidrográfica del Río Rapel


Dicha región abarca un sector aproximado a los 14 177 km2 en el centro del territorio continental chileno y se expresa en el fraccionamiento del sistema montañoso andino, en el relleno de los fondos de valles y depresiones téctonicas, así como en su desfiladero costero. Todo este sector cubre aproximadamente el 86% de la actual Región del Libertador General Bernardo O’Higgins. La creación de esta unidad político administrativa en Chile se remite a 1974, cuando se oficializó e impuso la vigente regionalización en el marco de una dictadura cívico militar.

El Río Rapel, que da origen a nuestra región natural, se conforma a partir de la unión de los ríos Cachapoal y Tinguiririca -en el sector de La Junta- y es el curso final de una red hidrografica del mismo nombre. Estos dos grandes tributarios obtienen su caudal de un régimen hídrico mixto o pluvionival. Ambos cursos de agua se insertan en forma de red en amplios sectores andinos y se introducen luego en los fondos de las cuenca tectónicas marginales y en la de Rancagua, en el caso del río Cachapoal, y del norte del Valle Central, en el caso del Tinguiririca.



El río Cachapoal, nacido en las laderas del cerro de los Piuquenes a 4 446 metros de altura, hace su recorrido hacia el mar en forma sinuosa, predominando la dirección oeste. Dentro del ámbito de la Cordillera de los Andes recibe afluentes tales como el Pangal, por el norte, y los ríos Las Leñas, Cortaderal y Cipreses, por el sur.

El río Tinguiririca, por su parte, se origina en las proximidades del paso Las Damas a 3 050 metros de altitud, en un afluente del mismo nombre. Recibe después los aportes de los ríos Azufre, Clarillo, Claro y Chimbarongo.

Este sistema hidrográfico limita al norte con la cuenca del Maipo, en donde hacia 1541 se levantó la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura en uno de sus principales tributarios, el río Mapocho. Esta ciudad a la postre se convertiría en la capital de Chile. Mientras que por el sur colinda con la también hidrográfica cuenca del Maule, que ha sido señalada por algunos historiadores como el límite cultural entre el incanato y el corazón de los pueblos del Mapudungún.

El diseño físico actual de la cuenca hidrográfica del río Rapel, al igual que la estructura del resto del territorio nacional, quedó definido durante la última parte del Cuaternario, en el período Holoceno, en el que relieves como la Cordillera de Los Andes, la Depresión Intermedia, la Cordillera de la Costa y las Planicies Litorales, conjuntamente con el sector de cuencas tectónicas centrales y marginales, quedaron configuradas tal como hoy las conocemos

Río Cachapoal en sus nacientes (TORNERO, 1862 : 422).


En la Cordillera de Los Andes, reconocida como un característico sistema montañoso de plegamientos, se sitúan los cabezales hídricos de esta extensa hoya hidrográfica (NIEMEYER y CERECEDA, 1984, pp. 79) en cimas que sobrepasan los 5 500 metros de altitud, valor que sin embargo desciende desde el volcán Tinguiririca al Sur. Mientras en el sector septentrional las altas cumbres se digitan en tres alineamientos, en la mitad meridional estos se expresan en dos. En uno y otro caso los plegamientos descienden en altitud en la medida que se avanza al occidente y al sur, dando paso entre ellos a la conformación de valles interandinos.

Además, en la naciente de los afluentes de la cuenca hidrológica al interior del sistema montañoso andino, se presenta un área significativa de glaciares producto de la altura y del aumento de las precipitaciones [1], lo que ha incidido en la provisión de aguadas y pastizales y, por ende, en la existencia de una variada flora y fauna nativa que da cuenta de los distintos niveles o pisos altitudinales ecológicos.

Al igual que el resto de Los Andes Centrales, el volcanismo ha estado y está presente en esta parte de la trama andina, con volcanes activos como el Tinguiririca, a 4 000 metros de altura, y apagados, como el Palomo a 4 860 metros, fenómeno que se ha traducido en mayores y angulosas alturas y en la base de la existencia de aguas termales en este ámbito del territorio de Chile.

Vista del Volcán San Fernando, Claudio Gay (GAY, 1854).


A pesar de la reconocida altitud del sistema montañoso andino, podemos encontrar áreas de paso o de puertos de montaña que permiten vincular ambos lados cordilleranos [2]. Todos estos pasos fronterizos han sido vehículos de tránsito en épocas pre y pos-hispanas, especialmente por arrieros, intermediarios y viajeros.

Con respecto a la Depresión Intermedia, el norte de la cuenca hidrográfica del Rapel se inserta en una estructura de origen tectónico denominada cuenca de Rancagua, que ha sido rellenada con materiales fluvioglaciovolcánicos transportados desde el tronco andino por la acción del río Cachapoal y sus afluentes. Por su parte, en el sur de la hoya del Rapel, el río Tinguiririca ha realizado la misma labor de relleno en el Valle Central.

Los fondos de cuencas marginales, así como también la de Rancagua y la del Valle Central, fueron fosas pequeñas o medianas que los materiales de diversos orígenes han permitido rellenar, generando procesos edafológicos con distintas capacidades de suelos, que sirven de asiento a los diferentes tipos de vegetales, permitiendo a su vez sostener a una variada gama faunística, configurándose, de esta manera, un hábitat natural muy favorable para el asentamiento humano desde tiempos muy tempranos [3].

El sector de la Cordillera de la Costa, que es el último tramo cubierto por la red hidrográfica del Rapel, se encuentra muy meteorizado y presenta pérdidas de altura, deprimiéndose bruscamente hasta no superar los 1 000 metros. Esto ha ido configurando geomorfológicamente esta zona como un área de suaves colinas en que la escorrentía superficial se observa notablemente debilitada, lo que se expresa en un paisaje fuertemente esteparizado.

Desembocadura río Rapel. Fotografía tomada por Carolina Jerez en enero de 2012. http://www.flickr.com/photos/carolinajerez/6704348821/


Cabe destacar que en áreas aledañas a la desembocadura del Rapel, y de cara a la Cordillera de la Costa, encontramos lagunas originadas por acción tectónica y relleno hídrico continental que han constituido una fuente de obtención de sal desde tiempos precolombinos [4].

Antes de terminar con esta síntesis de la hoya del Rapel, recordemos que el comportamiento de sus caudales fluctúa enormemente entre las estaciones del año, transformándose ellos en barrera durante los meses invernales, y en senderos naturales en el estío, originando de esta forma una red de rutas que permiten la conectividad entre sus diferentes sectores geográficos.

En cuanto al clima, gran parte de la cuenca de Rapel está bajo el influjo de un tipo templado mediterráneo, que con sus variantes, es característico de gran parte del centro del territorio chileno continental. Los valores térmicos y los montos pluviométricos no son homogéneos en todo el sector en cuestión, hay variaciones de este a oeste dadas las diferencias de altitud que presentan los distintos relieves que se encuentran al interior de la estructura litológica [5]. Además, hay una variación térmica y pluviométrica de norte a sur de la que dan cuenta las estaciones meteorológicas de Rancagua y San Fernando [6].

Las diferencias de temperaturas y de precipitación líquida al interior de esta región no son suficientes para explicar la configuración de las cubiertas vegetacionales por sí solas, pues la existencia y disposición de los relieves también juegan un rol fundamental en ellas. De esta manera se comprende que ambas cordilleras favorezcan las diferencias de densidad de flora al convertirse en umbrales de humedad.

Además, en este área se destaca una gran variedad de biota nativa, tanto de especies arbóreas, arbustivas y herbáceas de múltiples usos : alimenticio, como el Peumo ; forrajero, como la Quila ; artesanal y doméstico, como el Quillay ; medicinal, como el Quinchamalí, etc. (DEL RIO y TAGLE, 2001 : 32).

En lo que respecta al poblamiento precolombino del área de esta cuenca hidrográfica, los mapuches, practicando una agricultura de secano, se extendían entre la hoya del Rapel y la del Maule. Estos pobladores pertenecían a una parcialidad étnica denominada promaucaes por los incas, a los que, por otra parte, Gerónimo de Bibar describe como adoradores del sol y las nieves, aunque no como grandes labradores (SILVA, 1994).

Durante el periodo colonial, y luego de la contracción de la población primigenia, en el primer siglo hispano, el país, y por ende el área del Rapel, sufrió un crecimiento sostenido de sus habitantes mestizos, debido al asentamiento de distintos grupos de inmigrantes ibéricos en el territorio de la Capitanía General de Chile [7].

Dos artesanías de la Cuenca del Río Rapel

Hacia fines de la década de 1960, la Conserjería Nacional de Promoción Popular identificó el artesanado como el conjunto de actividades en cuyo proceso -sea de producción de bienes o de prestación de servicios- predominaba el trabajo manual mediante el empleo de herramientas ; sin embargo, se reconoció que la maquinaria podía jugar un papel importante en la operación, siempre que el trabajo estuviese controlado por el dueño y no fuera en serie. En la mayoría de los talleres artesanales, el trabajo era familiar o individual, debido a las características de la propia actividad : requería de poco capital y de un equipo simple, y generalmente era de tipo tradicional, que resultaba accesible para las personas de bajos ingresos (CONSERJERIA NACIONAL DE PROMOCION POPULAR, 1968 : 15).

En contrapartida, hay autores que consideran la artesanía como producto local, comunitario e históricamente elaborado por una comunidad que trasmite estos saberes a través de la oralidad (RAMOS, TUÑON y CALDERON, 2000 : 3). Sin embargo, esta apreciación sería correcta solo en el caso de las artesanías sustentadas en la tradición y no sería aplicable para el de aquellas que han sido introducidas institucionalmente en respuesta a problemáticas coyunturales o estructurales de determinadas localidades, como es el caso de la excesiva subdivisión predial y la falta de fuentes de trabajo durante todo el año.

Los últimos estudios en esta materia indican que en la actualidad, en las áreas rurales, el objeto artesanal es manufacturado con materiales que se encuentran en el entorno natural del artesano o que recicla del espacio urbano e inclusive importa desde el extranjero (MONASCAL y CASTRO, 2006 : 2) [8]. En estas zonas los campesinos combinan las labores agrícolas con las artesanales como un medio para obtener ingresos adicionales (MONASCAL y CASTRO, 2006 : 4).

Por otra parte, Néstor García Canclini se ha referido a las artesanías como bienes que tienen un sentido comunitario y un valor de uso para quienes las producen y las consumen, a diferencia de las produciones realizadas desde el arte popular, que se caracterizan por pertenecer a un circuito de objetos artísticos dependientes del genio individual y de las corrientes ajenas a la comunidad (GARCIA CANCLINI, 1986).

Sin embargo, desde la perspectiva del arte popular, la artesanía también ha sido conceptualizada como la producción simbólica de sectores subalternos y, como tal, como una categoría que invisiviliza las individualidades y el contexto de los objetos que son destinados a un folk market -producción en serie orientada a la industria turística- sin sentido crítico, que desconoce sus significados profundos, por lo que su consumo se torna puramente utilitario y decorativo (COLOMBRES, 2007 : 155). En este sentido, los artesanos producirían aquello que el mercado necesita añadiéndole algún elemento de su propia identidad, y no lo que efectivamente los representa.

Tanto arte popular como artesanías se producen en un campo atravesado por redes de dependencias que los vinculan con el mercado y las industrias culturales. Por ello existe la necesidad de pensar las culturas populares inmersas en el sistema de dominación. Y en tal sentido, debemos considerar que desde hace siglos asistimos a la marginación de la artesanía de los circuitos culturales y artísticos en todo Latinoamerica, así como a su exclusión de la cultura oficial [9].

Sin duda que los grandes cambios en la economía mundial y la revolución tecnológico productiva que forman parte del proceso globalizador han impactado a los medios rurales y urbanos, situación que nos impele a ubicar los actuales bienes artesanales en la lógica del presente y visualizarlos necesariamente como productos que, si bien están anclados a procesos productivos tradicionales, están también imbricados en el circuito del mercado y por tanto, no están ajenos a los procesos de modernización (GARCIA CANCLINI, 1982 : 201).

La incorporación reciente de las artesanías a un repertorio fijo de bienes y prácticas bajo el rótulo de patrimonio cultural no deja de ser problemática. Jesús Martín Barbero denuncia el vínculo actual entre tradición y nación, bajo el cual una serie de prácticas concretas serán utilizadas para ser codificadas como lo típico, representativo y necesario para la sobrevivencia de la identidad nacional vinculada a los moldes del Estado (BARBERO, 1987). En pocas palabras, este hecho se convierte en un instrumento específico para robustecer al Estado, hoy debilitado por la desterritorialización provocada por la actual globalización [10].

Es en este contexto que encontramos, en el espacio de la cuenca del Rapel, artesanos que moldean elementos de la naturaleza de su entorno gracias al cimiento de su matriz cultural. Estas prácticas emanan de la tradición o de políticas de entidades públicas. Tal es el caso de Chimbarongo y Coya respectivamente.

Coya

Dentro de la cuenca hidrográfica del Rapel, en la confluencia del río Coya con el Cachapoal y en las laderas de los contrafuertes andinos, se localiza el que fuera el campamento de Coya, de la empresa minera Braden Cooper Company [11].

Si bien esta localidad formó parte de una merced de tierra entregada a los conquistadores durante el siglo XVI, fue en el siglo XX cuando este sitio se transformó en uno de los escasos asentamientos humanos precordilleranos en Chile, al convertirse en un punto neurálgico para la explotación comercial del yacimiento minero de cobre conocido hoy como El Teniente.

La localidad de Coya formó parte de las tierras heredadas por Catalina de los Ríos y Lisperguer [12], quien en 1628 donó sectores de esta propiedad a la orden religiosa de la Compañía de Jesús, donativo que pasó a constituir parte de la gran hacienda llamada La Compañía (ILUSTRE MUNICIPALIDAD DE MACHALÍ, 2007:6) [13].

Con la expulsión de la orden jesuita en 1767, la propiedad pasa a manos de la familia de Mateo de Toro y Zambrano [14] y sus descendientes. Posteriormente, a mediados de siglo XIX, la parte interandina de la heredad de La Compañía se convierte en la hacienda Los Perales, de propiedad de Juan de Dios Correa y Saa Toro [15], en cuyas vecindades limítrofes se erigía la localidad de Coya. Cinco décadas después, los descendientes de este último hacendado realizaron la transacción del sector del yacimiento de cobre con Braden Copper Company en el año de 1905 (BAROS, 1995 : 32).

Originalmente, el fundo Los Perales comprendía las tierras desde el cruce de los ríos Coya y Cachapoal hasta el límite con Argentina. Todo esta enorme propiedad intermontana se dividía en una serie de potreros destinados a distintas funciones como pastos, cultivos de cereales o crianza de ganado (ILUSTRE MUNICIPALIDAD DE MACHALÍ, 2007:9). Por la magnitud de su producción, Los Perales se convirtió prontamente en proveedor de productos alimenticios a la población de los asentamientos instalados en torno a la explotación de la Braden Copper.

Fue la construcción de la Casa de Fuerza de Coya, que alimentaba de energía al sistema de explotación establecido en la mina El Teniente, la que permitió el surgimiento de los primeros asentamientos que prosperaron en la localidad gracias a la llegada de grandes contingentes de trabajadores, especialmente campesinos, que venían de diversos sectores rurales, preferentemente del interior. Los primeros campamentos aparecieron a orillas del río, con chozas hechas de coligüe [16], barro y fanolas en el techo. Lentamente el número de habitantes fue aumentando, apareciendo poblaciones como La Americana, y barriadas como El Jote y El Chancho, y, junto con ellas, apareció también la segregación entre los “gringos” y los demás trabajadores (BALCELLS, 2011). Más tarde surgieron nuevas poblaciones como Errázuriz, Bellavista y El Alamo.



Coya se localiza a unos 30 kilómetros de la boca del yacimiento cuprífero de El Teniente. Este filón, al igual que los situados más al norte, es parte de una franja de mineral de la Cordillera de Los Andes y su formación se vincula a la subducción de corteza oceánica bajo el continente sudamericano, proceso que se conoce como margen convergente de placas (DEWEY y BIRD, 1970) y cuya dinámica permitió la inyección de enormes masas de material ígneo en el interior de los orógonos andinos originando cuantiosos volúmenes de minerales con contenido metálico (GARRIDO y MCKINNONA, 2003) [17] de tipo pórfido cuprífero.

La explotación de este mineral habría despertado interés desde tiempos precolombinos para usos utilitarios y decorativos en el ámbito local [18]. En el transcurso del siglo XX, la explotación de El Teniente –conjuntamente con Chuquicamata y Potrerillos- se convertiría en pieza fundamental de la economía nacional, tal como lo auguraba Benjamín Vicuña Mackenna [19] : “El cobre nació en nuestras abundosas montañas en cuna de plebeyos y así vivió durante cerca de tres siglos ; a cuya postre el trabajo i la industria, el comercio y la ciencia de consumo con la libertad ennoblecieronlo haciendolo potencia” (VICUÑA MACKENNA, 1883 : 53).

Artesanías de cobre en Coya

Veo caer los montes,

abrirse el territorio en iracundas cavidades pardas,

el desierto, las casas transitorias.

El mineral a fuego y golpe

y mano se convirtió en lingotes militares,

en batallones de mercaderías.

(Oda al cobre, Pablo Neruda).

El color natural del cobre es rosado salmón con metálico brillante, pero aparece a menudo rojizo, debido a su oxidación superficial. Indudablemente, una de las propiedades que ha concitado interés para su explotación comercial es su capacidad conductora de electricidad y calor, pero es su ductibilidad lo que le permite ser considerada como materia prima para la orfebrería, pues este metal no es difícil de moldear.

A partir de la década de 1960 y hasta la actualidad, Coya ha sufrido una contracción demográfica de cerca de un 50%, principalmente producto del traslado de gran parte de la población dependiente de la actividad cuprífera hacia otros lugares de la región como consecuencia de la erradicación de actividades de apoyo al proceso productivo del centro minero de El Teniente. Dicho de otra manera, fueron los cambios en la planificación territorial, producto de las necesidades de modernización de la Gran Minería del cobre los que han provocado una pérdida sustancial de población en el área de Coya.

Frente a este panorama, en el año 2002 la Corporación de Desarrollo Pro-O`Higgins -que reúne a una veintena de empresas de la región bajo la presidencia de la División El Teniente de CODELCO Chile- en conjunto con la Municipalidad de Machalí crearon la Escuela de Orfebres de Coya, con el objetivo principal de abrir instancias de capacitación de artesanos en la elaboración de productos ornamentales y utilitarios.

La formación de estos orfebres tenía por objeto el desarrollo de habilidades y destrezas en el trabajo del esmaltado al fuego, cincelado, forjado y grabado al ácido, que les permitieran a los alumnos crear productos en los que el cobre debe estar incluído al menos en un 90% del bien final.

Los mismos creadores y organizadores del taller estipularon la exigencia de una iconografía que debía inspirarse en motivos coloniales, de mitología mapuche, chilota y aymará, así como en enseres y herramientas de las antiguas prácticas campesinas. Es decir, institucionalmente se buscó crear un icono tradicional -no necesariamente vinculado a la zona ni a la población a la cual estaba dirigida la actividad- en pos de la configuración de un imaginario regional y nacional.

En la fotografía podemos apreciar una cartera inspirada en la cultura mapuche que fue utilizada en un desfile de modas realizado por Luciano Brancoli en la zona. La otra foto corresponde a piezas confeccionadas para la tienda del Museo Chileno de Arte Precolombino. http://www4.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+en+Internet/Orfebreriaencobre1/trabajos+institucionales.htm


Lo anterior pone de manifiesto el interés por retratar un tradicionalismo sustancialista bajo el rótulo de folclore, pues constituye un esfuerzo por la simulación de un origen fundante de la región/nación. De esta manera, se neutraliza todo tipo de heterogeneidad y se reproduce un cierto orden, que borra las diferencias culturales de cada grupo social, fortaleciendo la nación a través de una cierta identificación con su pasado idealizado.

Como forma de impulsar esta experiencia, diversas instituciones se conviertieron en soporte, fomento y difusión para la comercialización de los productos de esta actividad artesanal, como por ejemplo, la exposición permanente de sus productos en las oficinas centrales de CODELCO-Chile, en Santiago, en Sewell y en la plaza comunal de Machalí.

Jarrones y copas esmaltadas elaboradas para la Corporación Pro O’Higgins de Rancagua.http://www4.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+en+Internet/Orfebreriaencobre1/trabajos+institucionales.htm


Cabe destacar que contemporáneamente a la modernización de la explotación minera, el rubro silvoagropecuario del área del Rapel sufrió sucesivos impactos de procesos modernizadores de gran alcance y exitosos desde la perspectiva de la globalización (ARMIJO y CAVIEDES, 1997). En aquellos espacios llamados “áreas perdedoras” (SZARY ANNE-LAURE, 1997), en que la implantación del modelo neoliberal [20] engendró una enorme pobreza, la población buscó solucionar la escasez de tierras y empleo recurriendo a actividades temporales como la artesanía. En el caso de Coya, la intervención de un grupo de instituciones públicas y privadas en la zona buscó revertir la condición de espacio precario, con el fin de reducir el éxodo constante de población, a la vez que pretendía recrear una cierta identidad sustentada en los productos naturales de la región, como el caso del cobre.

La actividad artesanal de cobre en Coya, al ser impulsada por razones institucionales, difiere de lo observado en otras áreas de las misma región como Pelequén y Lolol, donde la artesanía está relacionada con tradiciones culturales de larga data, sin grandes variaciones en las formas y los motivos de los productos ofrecidos al mercado.

Por último, debemos agregar que, pese a los esfuerzos de distintas organizaciones públicas y privadas, la comunidad coyina no ha acogido esta iniciativa, dado que los beneficiarios pertenecen más bien a Machalí y Rancagua [21], entre otras causas, porque ella no es percibida por la población local como una solución real a la falta de empleo y deterioro de su medio.

Chimbarongo

A la vera de la principal carretera del país, la ruta 5-Sur, que une gran parte del territorio de Chile, se observa una hilera de puestos que exhiben productos artesanales elaborados a partir del mimbre [22]. Estos puntos de venta, que abarcan varios metros a ambas orillas de la calzada, son parte del paisaje del área de Chimbarongo, ubicada en la provincia de Colchagua, en la parte septentrional del Valle Central de Chile.

Esta localidad está inserta en la subcuenca hídrica del Tinguiririca y es atravesada por uno de sus afluentes, el estero Chimbarongo. Un rasgo característico de la topografía de los 497,4 KM2 que cubren el área del territorio comunal de Chimbarongo es la escasez de accidentes topográficos, ya que sus bajos terrenos han sido sometidos a la acción niveladora de sus escorrentías superficiales.

Conformado por tierras planas, con suelos que tienen muy poca pendiente y son fundamentalmente arcillosos [23], Chimbarongo se presentan como un área de alta humedad durante todo el año, lo que la transforma en un area óptima para el cultivo de sauce mimbre.

La vegetación nativa asociada a estos suelos y climas corresponde a especies arbustivas y herbáceas características del matorral de Chile central. Dicha flora se encuentra hoy bastante reducida y en su reemplazo nos encontramos con vegetales exógenos, cuyos productos son altamente demandados por el mercado internacional, por lo que ocupan una gran parte del territorio comunal. En particular, en el área sobresale la presencia de frutales de tipo mediterráneo y policultivos anuales, además de praderas naturales.

En tiempos de la Conquista española, el territorio de Chimbarongo formó parte en el Corregimiento de Colchagua, creado en 1593 por el gobernador García Oñez de Loyola junto a los corregimientos de Quillota y Maule. Esta unidades político administrativas habrían sido impulsadas por la necesidad de generar una frontera interior en el área del río Maule, dada la incapacidad de controlar los territorios más al sur, en especial en el río Bío-Bío, que estaban dominados por parcialidades mapuches. (CAVIEDES, ARMIJO Y ROCHA, 2004:167).

La formación de estos corregimientos otorgó un marco adminsitrativo para la gestión de doctrinas, capitanías de guerra y alcaldías de minas. Según Carvallo y Goyeneche [24], el corregimiento de Colchagua ocupaba la parte central de lo que se conocía como provincia de los promaucaes, situada entre el río Cachapoal y Rapel por el norte, y las cercanías del río Mataquito por el sur. En este ámbito se establecieron varias doctrinas : Malloa, Rapel, Colchagua, Chimbarongo, Nancagua y Teno (CARVALLO y GOYENECHE, 1861 : 173).

Entre 1580 y 1620 este área vivió un período de expansión económica impulsada por la exportación de productos agropecuarios hacia los mercados de Alto y Bajo Perú. Aquello tuvo como consecuencia el término de las concesiones de mercedes de tierra y una redistribución de las encomiendas, lo que provocó una profunda transformación de las estructuras espaciales del centro del futuro territorio de Chile.

Un sector productivo de importancia para la economía del Reino de Chile fueron las plantaciones de vid en la extensa área situada entre Copiapó y Concepción. Así, la vitivinicultura logró altos niveles de producción en los siglos coloniales permitiendo el abastecimiento del consumo interno y, esporádicamente, la exportación hacia el Alto y Bajo Perú. La producción de vino en el corregimiento de Colchagua comenzó en el siglo XVI y se calculaba que para 1778 llegaba a unas veinte mil arrobas, superando en el doble a la producción de Quillota y en casi la mitad a la del área de Santiago (CARVALLO y GOYENECHE, 1861 : 173) [25].

En el siglo XVII se cimentaron las bases de la estructura económico-social del área de Chimbarongo, al igual que en el resto de la zona central del territorio de Chile, originándose el sistema denominado de latifundio–minifundio. Esta estructura predial y social perduró en el país hasta mediados del siglo XX, pero fue en Colchagua donde persistió en forma más férrea haciendo de este sector una de las zonas más tradicionales económica, social y cultural del país. Aquí la propiedad de la tierra se concentró en unas pocas manos, situación que permaneció, entre otros factores, gracias a la ausencia de una red vial, que permitiera dinamizar su economía al facilitar la circulación de productos y personas.

Como consecuencia de la continuidad de esta estructura en el área, los sectores de población no incorporados a las haciendas comenzaron a desarrollar trabajos temporales y complementarios, que se traducían en artesanías de enseres caseros y utensilios para las faenas en las áreas rurales [26].

Con la llegada del siglo XX, se instaló en el país un modelo económico de “crecimiento hacia adentro”, que incentivó las relaciones entre campo y ciudad : la urbe entregaba al sector rural bienes que pasaban por procesos tecnológicos modernos, mientras que el campo hizo llegar a los centros urbanos productos altamente perecibles, como frutas, huevos, hortalizas y otros. El canasto de mimbre se transforma entonces en el principal contenedor para llevar bienes desde el campo a la ciudad y viceversa. Pese al encierro y aislamiento de amplios sectores agroganaderos, este modelo económico penetró levemente en las anquilosadas estructuras del sistema latifundio-minifundio, permitiendo con ello el desarrollo de pueblos o aldeas diseminadas en el campo chileno.Solo en la historia oral de las comunidades campesinas de Chile Central permanece aún viva la figura del faltante, un personaje mayoritariamente de origen extranjero que recorría los campos para comercializar productos utilizando el cesto de mimbre en el transporte de los productos agrícolas a la ciudad y los bienes manufacturados a las zonas rurales (CAVIEDES, ARMIJO y ROCHA, 2004:169).

“La cosecha”Archivo Fotográfico, Museo Histórico NacionalPublicada en “Hombres de la tierra”. Presencia masculina en el campo tradicional chileno 1800-1950.http://www.dibam.cl/dinamicas/DocAdjunto_1468.pdf


Posteriormente, y con motivo del agotamiento del modelo de crecimiento “hacia adentro”, las políticas introducidas en los años sesenta, insertas en los procesos de Reforma Agraria (aplicadas por los gobiernos de Alessandri Rodríguez, Frei Montalva y Allende Gossens), se orientaban a transformar los sistemas de tenencia predial y fomentar la sindicalización campesina [27], que permitieran asentar las bases de una profunda transformación agraria en el país, atacando así la concentración de tierra y el uso extensivo de ella.

Estas transformaciones fueron abortadas con el triunfo del modelo neoliberal impuesto por la dictadura cívico militar a partir de 1974, generando desde entonces un mercado de tierras como parte del proceso de contrarreforma agraria. En la práctica, esto se tradujo en un aumento del número de pequeños propietarios y en una reconcentración de las grandes propiedades, que derivaron en explotaciones empresariales, emergiendo en la Zona Central la agroindustria orientada al mercado externo.

Pero este modelo presentaba una enorme debilidad debido a la falta de una red vial que comunicara a los diversos sectores del país. Si bien es cierto que la carretera Panamericana había sido terminada en 1964, logrando unir desde Arica a Puerto Montt, durante la década de los ochenta la ruta de doble vía llegaba solo hasta Rancagua.

Recién a mediados de los 90 se desarrolla la doble calzada entre La Serena y Puerto Montt, mediante la Ley de Concesiones y el ingreso de empresas privadas a la construcción de carreteras. Por su parte, en la Región del Rapel se amplió la red vial con la llamada “carretera de la Fruta”, la ruta CH-66, que se inicia en San Antonio y finaliza en Pelequén, permitiendo llevar la producción agroindustrial hasta los puertosdel litoral para su exportación.

La artesanía del mimbre en Chimbarongo

Mimbrero, sentémonos aquí en la calle,

y armemos con tus hilos blancos y con mis hilos azules

los esenciales artefactos de uso diario.

La paz, la mesa, la poesía, la cuna,

el canasto para el pan, la voz para el amor.

(Mimbre y poesía, Efraín Barquero)

La producción de artesanía en mimbre en la localidad de Chimbarongo utiliza como materia prima el Salix Viminalis, conocido vulgarmente como sauce español o sauce mimbre, que pertenece al género Salix y a la familia de las Salicáceas.

Se reconoce que el sauce mimbre ha sido utilizado desde los albores de la civilización, en Mesopotamía, Egipto e incluso se hace referencia a su uso en La Biblia, cuando Moisés habría sido salvado de las aguas en un cesto de esta fibra. Su nombre científico proviene del nombre de una de las siete colinas de Roma (Collis Viminalis) y Plinio, en el siglo I, recomendaba su cultivo (CAVIEDES, ARMIJO y ROCHA,2004:167).

En la actualidad, la distribución natural de Salix Viminalis se localiza en Europa Central y Septentrional, Siberia y Asia templada. Se cultiva y crece en forma espontánea y asilvestrada en América y su hábitat se ubica en hondonadas húmedas y en las veras de los cursos de agua, preferentemente en altitudes menores (AVALOS, 2002 ; 52 ).

Aún no existe acuerdo sobre la fecha de su introducción en la zona. Si bien Ignacio Bustos García (BUSTOS, 1995 : 113) sostiene que desde 1939 ya existen referencias literarias de su presencia en Chile, también existen algunos bosquejos del uso del mimbre en el campo chileno en la obra “Chile Ilustrado” del publicista Recadero Santos Tornero, publicado en 1872 por la Imprenta de El Mercurio, en Valparaíso. Escenas como “el frutero” o “el uvero” nos muestran lo extendido del uso de canastos de mimbre para el transporte de la fruta (TORNERO, 1872 : 476 y 478).

Unos años antes, Claudio Gay [28], en su “Ensayo sobre la agricultura en Chile”, vincula el conocimiento del mimbre en territorio chileno a actividades vitivinícolas : “…la corta se hace con cuchillo por hombres, mujeres y niños, y los racimos son depositados algunas veces en canasto de varilla y más frecuentemente en cesto de cuero no ó mal curtidos, llamados capachos y fundamentalmente son llevados a la bodega en carretas o mulas”. (GAY, 1865, V. II:189. El subrayado es nuestro).

Cosecha de la Vid, 1945. Fuente : EN VIAJE Nº138, 1945, Santiago, p. 46www.memoriachilena.clhttp://www.memoriachilena.cl


La flexibilidad de sus ramas y la línea recta que forman convierten al sauce mimbre en buena materia prima para la cestería, pues el trabajo acabado adquiere resistencia y suavidad. Por otro lado, la planta de mimbre se caracteriza por un rápido crecimiento juvenil, la tolerancia a la competencia cuando es plantada en altas densidades, un eficiente uso del agua y nutrientes, fácil reproducción y regeneración, resistencia a pestes y a enfermedades, junto a la adaptación al stress hídrico, al frío y las sequías (BUSTOS, 1995).

Podemos diferenciar dos rubros del circuito de producción del mimbre : los productores de la materia prima y los artesanos [29]. En cuanto a los bienes artesanales de mimbre podemos diferenciar entre utilitarios y ornamentales. En el mobiliario se incorporan estructuras de fierro o madera.

Hacia principios de la década de los 90 participaban en el rubro alrededor de 1200 pequeñas unidades artesanales en Chimbarongo, con un escaso desarrollo y una producción de subsistencia que incluía unas 3000 personas. Hoy solo 300 vecinos continúan ejerciendo este oficio, la mayoría de los cuales vive en poblaciones y cuenta con pequeños talleres en los patios traseros de sus casas [30].

Puestos de venta en la Ruta 5 Sur en Chimbarongo, localidad reconocida como la capital de artesanías de mimbre en Chile, año 2005.Fuente : http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Chimbarongo.JPG?uselang=es


Cabe destacar que en los últimos años se han realizado acciones para enfrentar en forma colectiva y participativa la producción artesanal en esta comuna, constituyéndose organizaciones de artesanos tales como la Corporación de Artesanos de Mimbre de Chimbarongo y la Asociación Gremial de Artesanos de Mimbre de Chimbarongo, que agrupan a unas 140 personas. La primera de estas organizaciones gremiales desarrolló el proyecto “Artesanos de mimbre Ltda.”, que se orientó a la producción de muebles de mimbre para la exportación (BUSTOS IGNACIO, 1995).

Por otra parte, las transformaciones producidas por la modernización neoliberal permiten la incorporación de esta producción artesanal a nuevos circuitos comerciales. Esto genera una división del trabajo que distingue artesanos, intermediarios y empresarios que han internacionalizado la producción. La tecnificación y la cantidad de trabajadores a contrata que unos pocos artesanos han incorporado, los acercan más al rango de la microempresa que a la informalidad del resto de las unidades artesanales.

En relación a lo anterior, en estos casos se produciría una adopción selectiva de algunos aspectos de la lógica que rige el mercado, lo que les permite materializar la comercialización de los productos de manera de asegurar así la reproducción del grupo. Colombres lo define como “préstamos culturales”, que resemantizan y adaptan, creando nuevas formas y símbolos, lo que describe como una apropiación (COLOMBRES ADOLFO, 2007:54). Una muestra de lo anterior lo constituye el grado de sofisticación que han alcanzado algunos diseños, pensados para un mercado bastante selecto de hoteles y unas pocas casas particulares, generalmente de estratos sociales altos.

Modernos diseños pensados para combinar perfectamente con todos los estilos de decoración, desde el más actual y minimalista hasta el estilo más clásico. Es la apuesta de los artesanos para un mercado más selecto. http://www.elite.cl/articulos/el-mimbre-esta-in/


Los productos artesanales han generado un mercado nacional bastante importante. Según estimaciones del Instituto Forestal, cerca de un tercio de las viviendas de los grupos socio económicos medio alto y alto de Santiago poseen muebles de mimbre en interiores o exteriores, situación que se repite en menor medida en otras ciudades grandes de Chile, como Concepción y Viña del Mar.

Pero ¿Cómo explicar entonces el enorme descenso del número de artesanos ? Tres son las causas principales que aquejan a este rubro. En primer lugar, el desinterés de las nuevas generaciones que prefieren contratarse en las labores frutícolas de la agroindustria, que pese a ser temporales son mejor remuneradas.

En segundo lugar, el insumo principal del artesano ha generado un mercado en el exterior que ha elevado el costo de la materia prima. A mediados de la década del 1990, se advierte un aumento de las exportaciones de mimbre, llegando a un incremento anual de un 53% entre 1994 a 1997. A partir de 1995, se incorpora la exportación a Europa, particularmente a España, alcanzando a fines de los 90 el 34% de lo exportado. Sin embargo, los mayores compradores de sauce mimbre chileno son sus vecinos sudamericanos : Argentina, Venezuela, Brasil y Paraguay. (CAVIEDES, ARMIJO, ROCHA, 2004:173).

Por último, uno de los principales competidores de artesanías de mimbre ha sido la importación de artículos de ratán, una palma trepadora de latitudes bajas y sectores selváticos procedente del sudoeste asiático y del Pacífico, de gran demanda también en los sectores socioeconómicos altos del país.

Podemos agregar que a nivel gubernamental, se han desarrollado políticas que buscan el fomento de actividades artesanales consideradas como parte del patrimonio cultural. La política regional de cultura de la VI Región en el período 2005-2010 incorporó como objetivo la promoción de industrias culturales que aporten al crecimiento de la oferta de bienes y servicios culturales de la Región y que aseguren la difusión de la creación artística y del patrimonio cultural (CNCA, 2005:15).

En este mismo sentido, la Subsecretaría de Desarrollo Regional, el Gobierno Regional y el Ministerio del Interior encargaron el “Estudio para el Fortalecimiento de la Identidad Regional” a la Fundación León Bloy, cuyos resultados destacan la relevancia de la identidad campesina como principal patrimonio cultural en la región (FUNDACION LEON BLAY, s/f), a partir de la cual se han desarrollado iniciativas de turismo patrimonial [31]

De esta manera, podemos afirmar que existen inciativas de los gobiernos centrales por reforzar una cierta identidad nacional que se sustenta en bienes y prácticas tradicionales de las zonas rurales de este área geográfica. En tal sentido, la difusión del patrimonio cultural apunta a lograr una cohesión nacional mediante símbolos regionales más bien abstractos, pues ellos aparecen excentos de los conflictos y las luchas materiales y culturales de comunidades específicas por sobrevivir a los actuales procesos modernizadores.

Conclusiones

La globalización corresponde a una modelación geográficamente articulada de actividades y relaciones capitalistas a escala global, que se caracteriza por un desarrollo geográfico desigual, del que dan cuenta las numerosas localidades rurales que hoy día aparecen como comunidades productoras de artesanías en la Región del Rapel. Este orden económico mundial nuevo se caracteriza por un proceso de acumulación flexible y por un capitalismo desorganizado, y su principal consecuencia espacial corresponde a la multidimensonalidad del territorio urbano-regional, debido a las potentes dinámicas privadas de ocupación del suelo. Cabe decir, además, que también se ha traducido en la fragmentación de poderes locales.

No obstante, y tal como planteara Milton Santos en relación a los circuitos comerciales, aun las organizaciones productivas tradicionales, con escasez de capital monetario y un área de mercado tan solo regional o local, pueden sustentar sus actividades productivas al encontrar de igual forma un nicho en el mercado para sus bienes, servicios y productos. Ni los procesos modernizadores ni la globalización han logrado eliminar los espacios tradicionales como el de las artesanías derivadas de la cultura popular.

Como sostiene Néstor García Canclini, estas unidades de producción artesanal logran persistir en la medida en que pueden masificarse, industrializarse, o bien, ampliar su radio de mercado. La inventiva social se ingenia creando lo nuevo con los recursos de la memoria a través del enorme legado que les ha brindado la tradición, o bien, debe adquirir y resemantizar la lógica del mercado para generar bienes simbólicos capaces de dar una respuesta a las necesidades actuales.

En este sentido se observa como en Chimbarongo han emergido verdaderas microempresas artesanales del mimbre que tienen su mercado en lujosos hoteles en todo el territorio chileno y que incluso exportan sus productos a extranjero. Aunque debemos señalar que este grupo exitoso es el más pequeño.

En este contexto actual, las artesanías aparecen como una alternativa económica que inhibe los procesos de descampesinización y proletarización, siendo una solución comunitaria al desempleo y a la falta de tierra para la producción agrícola en sectores rurales. Chimbarongo y Coya comparten la marginalidad de las áreas rurales integradas a la modernización a partir de 1973, que incluyó la liberalización de los mercados de tierra, de los precios agrícolas y el retiro del apoyo estatal a la producción en general.

De esta manera, hablar de artesanía rural hoy día es hablar de una forma de subsistencia familiar que no los desarraiga del contexto cultural al que siempre han pertenecido. Pese a lo anterior, reconocemos la existencia de una diferenciación al interior de los mismos productores, con unidades de producción y comercialización que van desde los exitosos hasta los de sobrevivencia, aunque los primeros son casos excepcionales.

En la actualidad, la dependencia de las artesanías con el mercado nos obliga a pensarlas como parte de las culturas populares inmersas en el sistema de dominación imperante. Asimismo, por mucho tiempo estas prácticas culturales y sus expresiones materiales fueron marginadas de la cultura docta y oficial, que tenía sus referentes en corrientes extranjeras y/o elitistas, si bien hoy las autoridades hacen un esfuerzo para incorporarlas al patrimonio cultural, esto se hace desde una óptica esencialista y completamente despojada de la realidad material que la forjó.

Hoy, en el contexto de globalización, los factores culturales adquieren una importancia significativa en el mercado debido al rechazo a la homogeneización cultural. Es por ello que el profesor Harvey sostiene que el capital simbólico unido a nombres y lugares otorga a éstos grandes ventajas económicas sustentadas en los principios de excepcionalidad y autenticidad (HARVEY DAVID, 2005 : 48). Según esto, las artesanías son adquiridas porque en su materialidad se encuentra la huella o el trazo de su hacedor : constituyen referencias y reminiscencias culturales de pueblos y ciudades, al ser representaciones que remiten a una costumbre de una región geográfica específica. De esta manera, la artesanía es codificada como un producto único y “auténtico” de otra cultura.

Lo anterior no ha significado hasta ahora en ningún caso un mejoramiento de las condiciones materiales de existencia de los artesanos de la región de Rapel, porque en el país aún no se ha constituido un mercado sólido de productos simbólicos. La actividad turística demandante de bienes artesanales no ha logrado salir del cerco de las pocas empresas que llegan al sector. A este respecto, se debe recordar que existe una ruta patrimonial turística hoy exitosa en la zona, la ruta del vino, que no ha logrado incorporar realmente a los artesanos de Chimbarongo que luchan por sobrevivir luego del cercamiento a su principal centro de ventas : la carretera 5-Sur. Sostenemos, además, que el turismo del área es, hasta ahora, de carácter ellitista, selectivo, exclusivo y manejado por un número reducido de empresas del rubro.

Sin embargo, las ventajas que otorga el mercado a estos bienes culturales han despertado el interés gubernamental por las artesanías. A partir del último cuarto de siglo pasado, los Estados debilitados por la globalización han buscado reforzar su poder a través de la revitalización de la identidad nacional recurriendo para ello a los productos simbólicos populares.

En otras palabras, la actual gestión patrimonial va más allá de la salida comercial-turística para activar económicamente sectores que han visto desaparecer los motores que antaño mantenían su dinamismo económico, social y político, busca impulsar el “consumo del pasado”, ofreciendo un inventario atractivo de bienes culturales que buscan reforzar y darle cohesión a la nación. El patrimonio cultural corresponde, así, a una idealización o folclorización de las prácticas populares que les despoja de sus luchas materiales y simbólicas y, de esta manera, contribuye a desactivar la memoria de los propios sujetos históricos, creando una parodia artificiosa que establece los márgenes de lo que es digno de recordar.

En el caso de Coya, institucionalmente se buscó crear un imaginario regional y nacional al normar la iconografía de los orfebres con escenas tradicionales del campo chileno e incluso con modelos de grupos étnicos diversos que habitan aún en Chile. Esta folclorización de la iconografía buscaba fortalecer la idea de nación y borrar las diferencias culturales entre sus habitantes a través de la idealización del pasado, y, de paso, fomentar en la zona un mercado turístico sustentado en trabajos artesanales realizados sobre la base de cobre.

De esta manera, la relevancia dada hoy a la constitución de un repertorio fijo de productos y prácticas culturales y simbólicas que conforman el patrimonio cultural de la nación radica no sólo en su capacidad de generar identificación, sino también en la posibilidad de reconstruir territorialidad para reinstalar identidades locales folclorizadas. La denominada “gestión patrimonial” constituye la última estrategia modernizadora : convierte en mercancía todo aquello que aún se resistía. Pero esta vez se obliga a la tarea de nivelar el pasado, exhibiendo “documentos de cultura” y censurando “documentos de barbarie” que permitan hacer frente a las desigualdades económicas generadas por el proceso globalizador en los territorios.

En última instancia, los esfuerzos de autoridades centrales, regionales y locales no han logrado fraguar con éxito el proyecto de instalación icónica regional inserta en un sistema simbólico nacional, que de paso supere la condición de espacios marginados y en constante deterioro. Mientras tanto, los artesanos de Coya y de Chimbarongo siguen enfrentados a un mercado que no los incorpora y que impide sobrepasar el estado de economía de sobrevivencia.

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info notes

[1] Entre los que destacan Cortaderal, Cipreses y Universidad

[2] Como el Paso de Las Leñas a 2 040 metros, el paso del Yeso a 2 602 metros y el paso de Las Damas a 2 587 metros.

[3] Así tenemos el ejemplo de la Laguna de Tagua Tagua.

[4] Tal es el caso de las lagunas de Topocalma, Cahuil y Bucalemu.

[5] Así por ejemplo, en la estación meteorológica de El Teniente, a 2 300 metros de altura, la temperatura media anual es de 9,6° C y las precipitaciones anuales se concentran mayoritariamente en los meses de invierno alcanzando a 1 072,9 mm. Por su parte, Rancagua, localizada en la Depresión Intermedia en torno a los 400 metros, presenta una temperatura media anual de los 14,7° C y sus precipitaciones promedian cerca de 500 mm anuales. Topocalma, en las proximidades de la desembocadura del Rapel y frente al Océano Pacífico, presenta precipitaciones que alcanzan a cifras cercanas a los 823,5 mm anuales y una temperatura media anual de 12,6° C.

[6] San Fernando, localizada a poco más de 70 kilómetros al meridión de Rancagua y situada a 329 metros de altura presenta precipitaciones anuales de 773 mm y una temperatura promedio anual de 14°C.

[7] Rolando Mellafe Rojas, uno de los más connotados historiadores chilenos del siglo XX y Premio Nacional de Historia en 1986, establece hacia 1540 la inexistencia de mestizos indo hispanos. Sin embargo, hacia 1600, este grupo superaría los 60 mil, en contraste con la disminución de la población indígena que pasó de cerca de un millón a quinientos mil habitantes (GARCIA V. HERNAN, 1982 : 71)

[8] Un ejemplo de materias primas importadas se produce en el caso de las chamanteras de Doñihue, que compran el algodón mercerizado a una empresa en Brasil (GUAJARDO, 1997 : 38).

[9] La teoría estética de Occidente ha pretendido un alcance ecuménico afirmando (desde Kant hasta Eco) que la experiencia artística se produce cuando en la relación entre sujeto y objeto prevalece la forma sobre la función, lo que ya es un avance sobre el idealismo estético que ponía en el centro la belleza idealizada (GARCIA CANCLINI, 1977).

[10] Los Estados latinoamericanos incrementan el apoyo a la producción artesanal (subsidios, créditos, becas), su conservación, comercio y difusión (museos, libros, circuitos, etc.) por diferentes objetivos : para crear empleos y reducir el éxodo campo-ciudad, para fomentar la exportación de bienes tradicionales, para atraer el turismo, para aprovechar el prestigio del folclore, para aumentar la hegemonía y la unidad nacional bajo la forma de un patrimonio que parece trascender las divisiones entre clases y etnias (GARCIA CANCLINI, 1992:202).

[11] Ubicada en la comuna de Machalí, en la provincia de Cachapoal, VI Región. La distancia entre Coya y la ciudad de Rancagua, capital de la región administrativa, es de alrededor de 20 kilómetros, y de más de 120 kilómetros si nos referimos a la capital de la República, Santiago.

[12] Catalina de los Ríos y Lisperguer (1604-1665), conocida como La Quintrala, era hija de Catalina Lisperguer y Gonzalo de los Ríos, dueño de las tierras de La Ligua y Longotoma. Esta mujer tuvo un largo prontuario de imputaciones pero nunca recibió ningún castigo debido a su inmensa fortuna y la influencia ejercida por su numerosa parentela en cargos importantes. Entre otras, fue acusada de envenenar a su padre enfermo, también se le imputó la muerte de un caballero de la Orden de Malta, al que invitó a su lecho, donde lo asesinó para luego inculpar a uno de sus esclavos, que murió ahorcado. Además, solía azotar y quemar a sus sirvientes, a los hombres les cortaba la lengua y a las mujeres los pechos. Se cuenta que le cercenó la oreja a uno de sus amantes y que apuñaló a un sacerdote (VICUÑA MACKENNA, 1877).

[13] La Hacienda La Compañía se transformó en el transcurso del siglo XVIII en una de las mayores propiedades de la Capitanía General de Chile, con un área aproximada de diez mil cuadras que abarcaban los terrenos comprendidos entre lo que es hoy Angostura de Paine y el río Cachapoal, y desde las altas cimas andinas a la costa incluida el área de Coya (MUÑOZ C. JUAN, 1990 : 5)

[14] Mateo de Toro y Zambrano (1727-1811) fue Conde de la Conquista y presidente de la Primera Junta Nacional de Gobierno de 1810 que inició el proceso de Independecia en el país.

[15] Juan de Dios Correa y Saa Toro era hijo de Juan de Dios Correa y Saa Martínez, marido de Nicolasa de Toro y Dumont, última beneficiaria del mayorazgo de la familia de Toro y Zambrano. La desaparición de los mayorazgos en Chile, hacia 1852, permitió divisiones de propiedades agrícolas y el surgimiento de la hacienda Los Perales.

[16] El colihue es una gramínea arbustiva perenne, perteneciente a la subfamilia de los bambúes.

[17] Es por eso que Los Andes han sido llamados “una cadena montañosa magmática” por Zeil en 1979 o un “orógenovolcano-plutónico” por Sillitoe en 1976 (MAKSAEV, 2001).

[18] Aún las investigaciones no han podido establecer con certeza la explotación de cobre en el yacimiento El Teniente por los pueblos originarios, aunque no es completamente descartado. “Asegurar que los indijenas de Chile, que conocían el oro (milla) sin utilizarlo y entendían de los usos de la plata (lighen) hicieron del cobre, durante siglos de oscuridad que nos son desconocidos, su hierro, su plata y su oro” (VICUÑA MACKENNA, 1883 : 63).

[19] Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886), intendente, parlamentario e historiador chileno del siglo XIX. Participó de las ideas liberales de la Sociedad de la Igualdad y se volcó activamente contra los gobiernos conservadores en las revoluciones de 1851 y 1859, situación que lo llevó a ser deportado en dos ocasiones. En 1872 fue nombrado intendente de Santiago, desde donde realizó la remodelación de la ciudad con obras tan importantes como el paseo del cerro Santa Lucía. Además, desarrolló una enorme labor historiográfica y un gran aporte en la recopilación de archivos documentales históricos coloniales y de los primeros tiempos de vida independiente del país.

[20] Es interesante destacar el hecho de que el modelo neoliberal se impuso en Chile durante la dictadura cívico militar a partir de 1974.

[21] Rancagua constituye la capital regional y es un importante centro urbano- comercial. Machalí, de igual modo, se encuentra entre las tres ciudades más grandes luego de la capital regional, con casi ocho mil habitantes según estadísticas del 2007 (INE, 2007 : 128).

[22] Como veremos más adelante, el mimbre es una fibra vegetal que se obtiene de un arbusto de la familia de las salicáceas cuyo nombre científico es Salix viminalis.

[23] Cerca del 60% de los suelos de Chimbarongo presentan texturas finas, principalmente arcillosas. Estos se caracterizan por su juventud, la que debe asociarse necesariamente a la juventud geológica y geomorfológica de gran parte del territorio nacional, lo que implica un proceso contínuo de acondicionamiento y rejuvenecimiento. A este proceso concurre también la actividad fluvial, con su acción erosiva en sus laderas y con el relleno aluvial de los valles medios, donde las condiciones del escurrimiento favorecen la sedimentación (ROVIRA, 1984 : 28).

[24] Vicente de Carvallo y Goyeneche (1742-1816) fue un veterano de la frontera de Arauco que escribió Descripción Histórico-geográfica del Reino de Chile utilizando una amplia documentación extraída de los Cabildos de Santiago y Concepción y del Archivo de Indias de España. Fue publicado a fines del siglo XIX en los volúmenes 8, 9 y 10 de la Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional dirigida por José Toribio Medina.

[25] A partir del estudio de herencias, contratos de arrendamientos y otros documentos de la época, el historiador Juan Muñoz Correa demuestra la existencia de viñas en la doctrina de Malloa, Chimbarongo, Colchagua y Teno. Es interesante constatar que se producen donaciones en arrobas de vinos a las iglesias locales. El convento San Juan Bautista de Chimbarongo de la orden de los mercedarios es uno de los más antiguos –data de 1612- y fue beneficiario de constantes dádivas de los hacendados de la zona (MUÑOZ CORREA, 1997 : 177). Dicho establecimiento religioso se transformó en centro espiritual y cultural y también pasó a ser el promotor de la economía local al incorporarse al sistema de intercambio y circulación monetaria.

[26] Cabe recordar que los latifundios contaban con diversos talleres en que se premunían de herramientas y artículos de uso domésticos. Así, cada casa patronal estaba dotada de talleres artesanales organizados en distintos patios, tal como da cuenta la Hacienda El Huique, hoy convertida en museo localizada al oriente de Santa Cruz, en la Provincia Colchagua.

[27] Recuérdese que la creación de la ley de sindicalización campesina entra en vigencia el año 1967, sólo a partir de los gobiernos de Frei Montalva y Allende.

[28] (1800-1873) Naturalista francés contratado por el gobierno de Chile durante la primera mitad del siglo XIX para realizar un catastro de sus recursos naturales. Los resultados de su investigación fueron publicados en treinta tomos bajo el título de Historia Física y Política de Chile, que cuenta con el primer Atlas de Chile.

[29] Las plantaciones de mimbre se realizan entre junio y agosto, colocando estacas hincadas en el suelo, con un riego semanal. La cosecha comienza en los albores de la estación invernal, cuando ha comenzado a perder sus hojas. Para su comercialización como materia prima se sigue un ciclo que incluye : cosecha, cocido, descortezado, baño antimancha, secado, clasificación, almacenamiento y venta en el país o al extranjero. En relación a la producción de este vegetal en territorio chileno, las estadísticas establecen que en la década del noventa la producción de sauce mimbre se distribuyó entre la V y VIII regiones, pero fue en Chimbarongo donde se concentró la mayor parte de las plantaciones del país, con un 88% (CAVIEDES, ARMIJO y ROCHA, 2004 : p. 173).

[30] Cfr. “Chimbarongo : el pueblo que vive la agonía de la artesanía de mimbre”, nota publicada en el periódico La Tercera el 22 de noviembre de 2009. http://latercera.com/contenido/654_203011_9.shtml

[31] Un ejemplo de ello lo constituye el turismo enológico patrimonial realizado en el ámbito vitivinícola del valle de Colchagua a través de la Ruta del Vino promovida por el Ministerio de Bienes Nacionales, que pone especial énfasis en las fiestas tradicionales. Esta política ha fomentado la proliferación de las Fiestas de la Vendimia, de hoteles boutique y otras infraestructuras turísticas.

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