ARTELOGIE IX
(JUIN 2016)
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Entrevista a Rafael Sagredo Baeza, historiador. “Chile : ’copia feliz del Edén’ autoritario en América”

Rafael Sagredo Baeza

Historiador

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ARTELOGIE convidó a Rafael Sagredo a responder a una serie de preguntas vinculadas al dossier "Imagen de la nación : arte y naturaleza en Chile", puesto que se trata de uno de los intelectuales chilenos que más ha reflexionado en torno al lugar que ocupa la naturaleza en la conformación de la identidad nacional. Prescindiendo por completo de antiguas (y persistentes) interpretaciones deterministas, este historiador observa las marcas que el aislamiento, el telurismo y la inmensidad de la naturaleza han ido dejando en la memoria cultural de Chile, observando la toponimia, la cartografía, las ciencias, las artes, las letras, la política, los cuerpos, y todos aquellos objetos que funcionan como soportes de inscripción histórica.


Pour citer l'article :

Rafael Sagredo Baeza - « Entrevista a Rafael Sagredo Baeza, historiador. “Chile : ’copia feliz del Edén’ autoritario en América” », in Entretiens .
(c) Artelogie, n° 3, 2012.

URL: http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article145

Rafael Sagredo es Doctor en Historia por El Colegio de México (2000), académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y conservador de la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Chile. Autor y editor prolífico, entre otras de la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile (bibliotecafundamentos.cl), una colección de cien títulos con los textos y estudios de científicos, profesionales, técnicos e intelectuales que con sus planteamientos dieron “forma” a Chile. Editor de la reedición del Atlas de la historia física y política de Chile de Claudio Gay (Centro de Investigaciones Diego Barros Arana y Lom Ediciones. Santiago, 2004), ha dirigido numerosas publicaciones colectivas sobre historia social y cultural de Chile y América Latina, entre las que destacan la Historia de la vida privada en Chile en tres tomos (Taurus. Santiago, 2005-2008) y, Ciencia-Mundo. Orden republicano, arte y nación en América (Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Editorial Universitaria. Santiago, 2010). El último año participó en la edición de la obra cumbre de Alexander von Humboldt, Cosmos. Ensayo de una descripción física del mundo, y del trabajo de Charles Darwin, Observaciones geológicas en América del Sur (ambos coediciones con Los Libros de la Catarata, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y el Centro de Investigaciones Diego Barros Arana. Madrid-Santiago, 2011), y en los que presenta y escribe el estudio introductorio respectivamente.

En sus trabajos se ha ocupado en más de una ocasión de renovar el vínculo entre imagen e historia, liberando a la primera de una limitante función ilustrativa y aportando a la segunda una rica y compleja fuente documental. Esta labor iconográfica está en el centro de sus investigaciones sobre el período del fin de siglo XIX chileno, personificado en la figura del presidente de José Manuel Balmaceda y que lo llevaron a publicar “Vapor al norte, tren al sur. El viaje presidencial como práctica política en Chile. Siglo XIX” (COLMEX-DIBAM México- Santiago, 2001).

Igualmente central resulta el trabajo con las imágenes en sus estudios más recientes sobre la historia de la ciencia de los siglos XVIII y XIX en América Latina, precisamente, una época en que las investigaciones de los naturalistas y las expresiones artísticas se desarrollaban en un diálogo común. Entre estas se cuenta “Navegando entre ríos de nieve”. El piloto Moraleda en la costa patagónica” (en http://200.17.60.4/ndihr/revista-3/artigos/rafael-sagredo.pdf).

Artelogie : ¿Qué es lo que usted considera que ha tenido mayor peso en la historia de la construcción de una imagen de la nación en Chile : la naturaleza como bendición divina o como barrera geográfica ?

Rafael Sagredo : Los dos elementos están presentes en la imagen de Chile, aunque de manera diferente. La noción de la naturaleza como bendición divina se aprecia en la representación que los habitantes de Chile han creado de su entorno geográfico y que tiene su expresión más elocuente en la canción nacional de Chile, en particular en la estrofa que habla de Chile como “la copia feliz del Edén”. El origen de esta noción está en la conquista española, cuando Pedro de Valdivia, apremiado por la necesidad de hombres para consolidar su empresa en Chile recurrió a la ponderación de la geografía de Chile como instrumento para atraer conquistadores. Desde entonces, siglo XVI, esta manera de apreciar Chile se fue desarrollando ; no olvidemos que el Abate Molina en el siglo XVIII señaló a Chile como “el jardín de América”, y ella tiene uno de sus puntos culminantes en la letra de la canción nacional que data de 1841.

Ahora bien, en relación a la geografía como barrera geográfica considero que es una realidad evidente, que ha condicionado decisivamente la trayectoria histórica del país, no en el plano de las representaciones, sino que en la mentalidad, actitud, usos y costumbres de sus habitantes y organización política republicana. Chile es un territorio contenido, asilado, por los Andes, los desiertos y el Pacífico. Los pueblos precolombinos del altiplano ya lo apreciaron al nombrarlo precisamente Chile, es decir, los más lejano, lo más hondo de la tierra, lo más frío. Esta realidad, que la última fase de la globalización apenas está comenzando a diluir, se manifiesta en el provincianismo chileno, en la dificultad para aceptar la existencia de otras realidades, valores y usos, en su desesperada búsqueda de aceptación y elogio por “el extranjero” y, en especial, en su institucionalidad política autoritaria, ideada como mecanismo de sobrevivencia para hacer frente, precisamente, a una situación geográfica y a una realidad natural desafiante y en demasiadas ocasiones hostil. La mantención del orden y la estabilidad social y política, se ha concebido como un complemento indispensable del orden natural que, como he señalado, se concibe como “copia feliz del Edén”.

A : Ante lecturas como las que Mary Louise Pratt hizo de una parte de la obra de Humboldt en Ojos imperiales, ¿qué distingue a Gay y qué lo acerca, en su visión, a esta idea de expedicionario al servicio de un poder -de un saber- europeo que se ubica por sobre sus eventuales vínculos con los gobiernos y los intereses locales ?

RS : Claudio Gay es un científico europeo al servicio del poder, de una sociedad, de una élite americana, la chilena. En este sentido, y utilizando los mecanismos propios de la ciencia se adentra en la realidad natural y social de Chile, pero no sólo para reproducir los valores o los intereses predominantes en Europa, sino que para generar un conocimiento, un discurso, una representación, una historia y, por todo ello, los fundamentos de una identidad nacional. Contratado por el Estado chileno, por la élite gobernante interesada en afianzar su dominio sobre el territorio y la sociedad bajo su soberanía y poder, Claudio Gay no tuvo más alternativa que adecuar su trabajo, particularmente la parte histórica y social, a los requerimientos del “mercado” que encargó y que iba a consumir su monumental obra, la Historia física y política de Chile.

En este contexto es preciso diferenciar su obra como naturalista, de su trabajo como “científico social”, en la que muestra que tuvo plena conciencia de que estaba al servicio de Chile y su élite, y que su obra había sido concebida por ésta como medio de legitimación de su dominio, el cual también quedó avalado por la historia que el sabio “inventó” para ella. Así, con los medios propios de los imperios, y beneficiando con su saber sobre Chile el conocimiento en general al dar a conocer una realidad natural prácticamente inédita, el sabio francés no sólo accedió a los más altos honores científicos, como su ingreso en la Academia de Ciencias de París lo demuestra, sino que también dotó al país de una geografía, una historia y, gracias a todo ello, de los fundamentos de su identidad.

La obra de Claudio Gay es inseparable del poder materializado en un Estado, Chile, que la encargó, patrocinó, financió y promovió, incluso en medio de serias dificultades que la pusieron más de una vez en serio riesgo de quedar truncada. En este sentido no es una obra individual, se trata más bien de una tarea nacional, ideada por la elite chilena, destinada a justificar la que se apreciaba exitosa trayectoria del país, naturalmente, gracias a la acertada dirección de este grupo social. Lo anterior, como es obvio, no impide que también sea un trabajo propiamente científico, en el sentido que Gay explora, estudia, mide, censa, describe, nombra y representa una realidad natural desconocida que, al ser identificada, queda a disposición de los inversionistas como del saber.

La evidencia del quehacer de Gay en Chile, como el de Codazzi en Colombia, Raimondi en Perú, D’Orbigny en Bolivia, y muchos otros en toda América, demuestra que ellos, aplicaron su saber, entendido como método científico, al reconocimiento de estados y territorios nacionales, financiados y promovidos por los gobiernos locales y, transformándose, además, en sus voceros. En este sentido, no calza la noción de naturalistas sólo al servicio del saber europeo, puesto que la evidencia, que es lo que resulta determinante para cualquier interpretación, no permite en este caso suponer que sólo se trata de “ojos imperiales”.

A : A la luz de las renovadas interpretaciones del concepto y soporte ’atlas’ desde el pensamiento warburgiano -que lo vincula a nociones como montaje, archivo, experiencia, persistencia o constancia de algunos signos de un modo diferente a la lógica lineal, etc.-, las que hoy son de gran actualidad, tanto en las teorías sobre estética de Didi Huberman o Chartier, entre otros autores, como en expresiones artísticas (Sebald, Farocki, Raad, etc.) ; ¿cuáles son los rasgos que usted considera más característicos de la estética del Atlas de Gay ?

RS : El Atlas de Claudio Gay es una representación de Chile, realmente la primera que conocemos en el sentido que por primera vez se ofrece una visión general del territorio, la sociedad y la institucionalidad que lo conforma. Implicó naturalmente una selección de lo que Gay consideró más característico de “lo chileno” en términos de espacios naturales y culturales, costumbres y usos, tipos sociales e instituciones. Es fruto de su cabal conocimiento del país, el que recorrió de norte a sur, y por lo tanto es producto de una experiencia vital condicionada por el contacto con la realidad natural, pero sobre todo con la población. En este sentido el naturalista es un “vocero” de la sociedad en la que se desenvuelve. Como es obvio el soporte resulta parcialmente novedoso, pero no original pues hace rato ya se usaba en Europa para representar América. A través de la ilustración, de las láminas, Gay ofrece Chile, en primer término, a la élite chilena que se ve reflejada en el atlas de una forma que, insistimos, la presenta ante el mundo, y la representa y legitima como grupo dominante. El atlas viene a ser de este modo una autorepresentación, mediada por el científico, de la noción que la élite chilena de la primera mitad del siglo XIX tenía de sí misma y de Chile como realidad natural y social. No debe olvidarse que junto con encargarle el trabajo de explorar y estudiar el país, la elite hizo de Gay un integrante más de su círculo y, también, un ciudadano chileno que, además, obtuvo todos los reconocimientos que entonces otorgaba el Estado nacional.

A : Usted ha escrito sobre la aceptación de los extranjeros en Chile. Esto es algo muy determinante también para la historia del arte en Chile, principalmente durante el siglo XIX ; ¿cómo engrana usted esta condición de extranjero -de científicos y artistas- de agentes de formación de una imagen de nación que luego se hace elocuente para -al menos una parte de- los chilenos ?

RS : La participación de los extranjeros en la consolidación de la independencia, la organización de la república y la expansión nacional a lo largo del siglo XIX es determinante. Varios factores lo explican, desde el fin de las guerras napoleónicas, que provocó la llegada de muchos militares europeos que se sumaron a la lucha de los patriotas ; hasta la misma independencia que hizo posible las condiciones para la llegada de artistas llamados por la corte en Brasil ; inversionistas atraídos por las riquezas naturales americanas y naturalistas deseosos de expandir el conocimiento sobre regiones inéditas para la ciencia. Estimulados tanto por su vocación, mandatados por alguna academia científica, o favorecidos por sus estados de origen, su presencia debe interpretarse como consecuencia de dinámicas científicas, económicas y locales, como sería la necesidad de las nuevas repúblicas de reconocer sus territorios e identificar sus recursos. Su calidad de científico los legitima ante las elites locales y el conocimiento que ofrecen se transforma en fundamento de las identidades nacionales.

A : Invirtiendo en cierto sentido la pregunta anterior, ¿en qué forma fue comprendida esta imagen en el exterior, considerando que allí se combinaba la propaganda de un Vicente Pérez Rosales o de un Vicuña Mackenna, con la circulación del Atlas de Gay, las notas de Darwin o de Mary Graham y otras imágenes y relatos de viajeros extranjeros, etc.?

RF : La noción de Chile en el exterior en el siglo XIX incluye la idea de estabilidad, institucionalidad y orden, todo en contraposición a la situación y realidad de muchos países latinoamericanos. Charles Darwin, por ejemplo, se refiere al Río de la Plata como a la región de la violencia, al Perú como al país de la anarquía y a Brasil como el de la esclavitud. En realidad, los extranjeros avecindados en Chile huyendo de Rosas, como Sarmiento ; de Rusia, como Domeyko ; o sencillamente radicados, como Andrés Bello y Rodulfo Philippi, para no referir a Claudio Gay, son los que más ponderan la situación chilena, siempre como una realidad contrastante con el resto de América Latina. Obviamente los chilenos, como Vicente Pérez Rosales en su Ensayo sobre Chile, destinado a hacer propaganda para atraer inmigrantes, contribuyen a formar esta imagen.

Antes, Claudio Gay también ofrece un Chile idealizado, basta leer su obra y revisar las láminas de su Atlas para apreciarlo. Y no podía ser de otra forma pues, en definitiva, su trabajo estaba mandatado por el Estado chileno que lo financiaba.

Muestra de lo efectiva que resultó esta representación de Chile es que Alexander von Humboldt también pondera la institucionalidad política chilena. En otro plano, y expresión de que había leído a los naturalistas que como Gay, Philippi, Domeyko o Guillis habían explorado, descrito y divulgado la realidad natural del país, es que en el Cosmos de Humboldt Chile se menciona frecuentemente. Siendo sus características más sobresaliente los Andes, los volcanes, los minerales y los terremotos. Hubo naturalistas que como Darwin aludieron a la ignorancia de la elite chilena y a la desigualdad social que existía en el país entre los ricos y el resto. También Claudio Gay en su Agricultura, verdadero ensayo sociológico del Chile que pasa de colonia a república, pero sus planteamientos, aunque muy certeros, no alcanzaron la categoría de representación del país, entre otras razones, porque eran situaciones que se repetían en otros países de América.

A : Usted estudió el viaje presidencial, en el caso particular de Balmaceda, como un mecanismo de construcción de la imagen de una nación. ¿Qué caracteriza y cómo persiste ese imaginario ?

RS : El presidente Balmaceda gobierna inmediatamente después de la Guerra del Pacífico, cuando Chile se ha transformado en potencia continental, ha expandido su territorio y cuenta con los recursos del salitre. El gobernante tiene absoluta conciencia de ello y, como llega al poder con un programa de carácter nacional que recoge y pretende aprovechar para el desarrollo del país todas las condiciones señaladas, actúa en consecuencia, promoviendo a través de sus viajes por el territorio nacional una representación del país como una nación pujante, en expansión, moderna y liberal. Noción por lo demás corrientemente presente en épocas de auge económico y estabilidad política, como la de Balmaceda que, sin embargo, acabó de la peor manera, en medio de una guerra civil.

La idea de una nación, la chilena, persiste muy arraigada ; ahora complementada con las identidades locales que la globalización ha potenciado. La noción de Balmaceda de una sociedad homogénea ha cedido frente a la heterogeneidad de la realidad, el avance de los derechos de los pueblos originarios y el respeto por las minorías. Aunque todo, en demasiadas ocasiones, más como una aspiración que como una realidad concreta. Una de las políticas implementadas por Balmaceda, la de la descentralización, frustrada entonces y muchas veces después, se mantiene todavía como un buen deseo. La aspiración a la modernidad liberal, ahora con las características propias del siglo XXI, también se mantiene latente. Ni qué decir de la idea de la excepcionalidad y potencialidad de Chile en el contexto latinoamericano. Una idea siempre presente en nuestra trayectoria histórica que, junto con la positiva noción que los chilenos tenemos de nosotros mismos, muestra la ignorancia respecto del desenvolvimiento y características de los demás.

A : Usted abordó este trabajo haciendo un uso intensivo de las imágenes : ¿cómo se aproxima a ellas ? ¿Qué ve en ellas de ilustración, de ejemplo, de documento, de testimonio ? ¿Cómo enfrenta su dimensión artística ?

RS : Para mi trabajo sobre José Manuel Balmaceda y sus giras por el país las imágenes fueron fuentes. No me ocupé de ellas en relación con su valor artístico, sino que en su condición de representaciones de la realidad social, política, económica y cultural del Chile de entonces, fines del siglo XIX. En ese contexto mi objetivo fue estudiar las imágenes e interpretarlas para dar cuenta de la forma de hacer política en aquella época ; para mostrar la autopercepción sobre diversos temas de los chilenos y para entender el papel que la sociedad le atribuía al Jefe de Estado en la sociedad.

Las caricaturas, por los componentes que ponen en juego porque para ser efectivas deben representar con agudeza a la “opinión pública”, fueron por ello una gran fuente, hasta entonces corrientemente olvidadas cuando se aborda la evolución política del país.

Pero también las fotografías de Balmaceda, que no sólo muestran como se veía a sí mismo y al país, sino que también sus aspiraciones y las de la sociedad que gobernaba. Otras imágenes también fueron muy útiles para captar la autorrepresentación de los diversos componentes de la sociedad chilena, los cuales se expresaban a través de diversos soportes, como fotos, grabados, dibujos, etc., todos muy decidores también de su condición.

A : ¿Cómo se ha cruzado, se cruza y/o podría cruzarse la historia del arte y la de la ciencia en Chile ? ¿Cuáles temas ve usted como puntos de encuentro ? Y en un plano más teórico, pero siempre pensando en la historiografía chilena, ¿qué métodos y autores se prestan para ese encuentro ?

RS : En mi trabajo con los naturalistas que exploraron América y escribieron sobre diversos países en el siglo XIX la relación ciencia-arte es fundamental. Por muchas razones, entre las cuales la influencia de Humboldt, el romanticismo y las posibilidades de registrar la realidad natural, cultural y social a través de rápidos trazos, como lo hacen los artistas viajeros, son fundamentales. En Chile esto se aprecia de forma elocuente a través de la obra de Juan Mauricio Rugendas y la monumental Historia física y política de Chile Claudio Gay, en cuyo Atlas, y como he explicado en diversas ediciones de esta obra, se encuentran muchos trabajos del pintor bávaro.

Es el arte al servicio de la ciencia, pero también la ciencia y sus métodos como estimulo para un arte particular que está llamado a representar lo más fielmente posible lo que el científico aprecia. Condición que afortunadamente no se cumple muchas veces, en particular, si como hace Rugendas siguiendo a Humboldt, el artista se dedica a componer “cuadros”, con situaciones, ambientes y casos sacados de la realidad, pero no reales en el sentido de haberse producido alguna vez. En este contexto el pintor hace uso de su subjetividad, representa y compone, sirviéndose de lo que ha visto y de lo que el naturalista le ha sugerido.

Incluso en las láminas que representan especies animales y vegetales identificadas por los científicos, éstas no son fieles totalmente a la “realidad” que el naturalista pretende mostrar. Entre otras razones porque en muchos casos son ejecutadas por artistas profesionales europeos y en Europa a partir de apuntes y referencias del hombre de ciencia que, inevitablemente, no reflejan exactamente la realidad que éste apreció en América. Los Andes chilenos en el Atlas de Gay, con características más cercanas a los Alpes con sus cimas puntiagudas, es un buen ejemplo de lo que decimos. Todo lo cual sugiere a su vez una gran cantidad y variedad de temas todavía por abordarse de manera sistemática como nosotros hemos pretendido hacer con la obra de Claudio Gay.

Ahí están, a la espera de los investigadores, los trabajos “gráficos” de Rodulfo Philippi, Ignacio Domeyko, Amado Pissis y muchos otros ; para no referir la cartografía del siglo XIX que por la factura de su ejecución también pueden aspirar a la categoría de “arte”. La identificación, descripción, estudio, lectura e interpretación de las fuentes es para mí el camino. Como siempre complementado con otros autores, ejemplos y formas de trabajar, pero partiendo de lo que la fuente, cualquiera que esta sea, nos ofrece, y no al revés. A partir de ella viene la interpretación indispensable.

A : ¿Cómo entiende usted el rol del sitio web memoria chilena y de la Biblioteca Nacional en general ? Hacer accesible esa enorme cantidad de material de archivo, generar síntesis, bibliografías, y todo un aparato contextualizador de dicho material (esos breves textos anónimos que describen los documentos) es un acto pionero de gran valor pedagógico, que también modifica nuestra forma de trabajar en tanto investigadores ; ¿qué consecuencias ve usted que esto tiene en la manera actual de hacer historia ?

RS : www.memoriachilena.cl me parece una iniciativa extraordinaria, que de paso es bueno decir que tiene como símbolo una mariposa del Atlas de Gay, identificada por éste y representada por un pintor en París. Es EL sitio cultural de Chile, la Biblioteca Nacional de Chile digital. Una forma efectiva de no sólo poner en valor el patrimonio cultural nacional, sobre todo de democratizar el acceso a los bienes culturales y patrimoniales, de mostrarse y exponerse a la curiosidad del mundo ; de facilitar a un nivel prácticamente infinito, instantáneo y simultáneo, un acervo que hasta www.memoriachilena.cl era prácticamente desconocido e inalcanzable para la gran mayoría de la población.

Por sus características, además, www.memoriachilena.cl ha estimulado formas de apreciar lo cultural, ya no sólo es lo producido por la élite ; de concebir la historia, ya no se trata sólo de la historia política y militar ; de apreciar la diferencia, a través de la exposición de manifestaciones culturales heterogéneas y variadas ; de ampliar lo que se entiende por chileno, al exponer expresiones originadas en todo el territorio nacional y aun fuera de él. En mi opinión www.memoriachilena.cl en definitiva ha cambiado radicalmente la forma de aproximarse a la cultura, el patrimonio, la historia, lo nacional, etc., haciendo posible de paso que las expresiones del pueblo chileno se conozcan en todo el globo.

Naturalmente para los investigadores es una gran oportunidad de acceder a las fuentes de sus trabajos que, sin embargo, y como todo lo vinculado a la web, es fruto de una selección que es preciso no olvidar. Además de ser textos editados, en ocasiones parcialmente reproducidos y que por tanto no necesariamente dan cuenta del “universo” existente en la Biblioteca Nacional. Creo que www.memoriachilena.cl facilita y orienta el quehacer de los historiadores, pero no reemplaza el imprescindible “trabajo de archivo”. Entre otras cosas, y sólo a modo de ejemplo, porque la versión digital no da cuenta de la materialidad del documento, cualquiera que este sea, en ocasiones indispensable de apreciar para un adecuado conocimiento de él.

Pienso que las posibilidades educativas de www.memoriachilena.cl son extraordinarias al proporcionar un material que, con la imaginación y creación de los usuarios, puede ser de gran utilidad.

A : Aprovechamos de plantearle algunas preguntas para saber del estado actual del campo historiográfico chileno ¿Cómo ve usted que se relaciona en Chile la “opinión pública” con la historia ? ¿Hay paz en la ciudad historiográfica ? ¿Qué cosas han cambiado en los últimos años desde la dictadura hasta la actualidad ?

RS : En Chile no son comunes las polémicas historiográficas, entre otras razones porque se lee poco, los protagonistas se exponen a descalificaciones personales y, por último, pocos entran en ellas con el ánimo de discutir y argumentar, sino que más bien de imponer y “aniquilar” a su eventual contendiente. Resultan una curiosidad también porque no hay medios que realmente les den cabida, no hay tiempo para emprenderlas y sostenerlas y, por último, no ofrecen muchas más gratificación que la de un ego satisfecho.

En general veo más discusión a través de las obras que se escriben. En los libros y monografías se pueden apreciar diferentes interpretaciones, críticas y comentarios de otros autores y trabajos, de un modo más reposado, menos agresivo y velando por lo académico. Esto cuando el autor de un nuevo texto se da el trabajo de leer lo que otros han escrito antes que él sobre el mismo tema pues, y es cada vez más común, muchos creen que con ellos se inicia la historiografía y sencillamente se saltan sin mayor problema la producción anterior.

Sin embargo, en la última década, la dictadura y sus protagonistas, comenzando por Pinochet, han dado lugar a polémicas importantes. Aunque sólo sea por demostrar que a pesar de lo que pretenden hacer creer los medios de comunicación chilenos, particularmente los escritos, también está presente entre los estudiosos de la historia en el país la condena a la dictadura, al dictador y a la sistemática violación a los derechos humanos del mencionado régimen. Estas controversias muestran el valor social de la historia pues a través de ella se ofrecen y se consolidan modelos sociales, se construye futuro ; de ahí la necesidad de salir al paso de las opiniones que ponderaban al régimen militar y su obra. Hoy esta necesidad volvió a hacerse presente a raíz de las voces críticas en contra del Museo de la Memoria que, precisamente, muestra la violación a los derechos humanos del régimen militar, educando para que no se vuelvan a repetir.

De este modo la historiografía y sus disputas mediáticas se presenta en Chile en ocasiones muy relacionada con la historia política reciente del país, lo que en mi opinión es positivo, pues la muestra vital, alerta y como un valor social fundamental para promover la cultura democrática.

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