ARTELOGIE IX
(JUIN 2016)
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Présentation du numéro 3

Amarí Peliowski D. - Catalina Valdés E.

Image de la nation : art et nature au Chili

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Amarí Peliowski D. / amari@archivovisual.cl

Catalina Valdés E. / cvaldese@gmail.com

Peut-on parler d’un art national ? Les expressions artistiques sont-elles réductibles à des frontières politiques et géographiques ? L’art était-il auparavant régional et serait-il aujourd’hui devenu global ?

L’imbrication entre nation et nature est, sans aucun doute, un aspect récurrent de la modernité, notamment au XIXème siècle, quand la nature acquiert le statut de symbole de la nation en signalant, par métaphore, son territoire et sa population. Nous nous posons ces questions à propos de l’art du Chili après avoir constaté la présence du thème de la nature dans les diverses manifestations de l’identité culturelle du pays. Aussi notre proposition porte-t-elle sur le rôle de la nature dans l’art chilien.

Un tel art chilien existe-t-il ? Et si oui, exprime-t-il une identification entre la nation -conçue comme une construction non seulement idéologique, mais aussi historique, mentale ou imaginaire-, et les représentations du monde naturel ? Le thème de la nature est-il un sujet propre à l’art du Chili, est-il imposé ou dû au hasard, ou encore reflet d’une fascination quasi universelle du monde de l’art envers la nature ? Dans quels confins –esthétiques, linguistiques, idéologiques— se contiennent les définitions de nature et de chiliennité ? Autour de cette série de questionnements, nous avons recueilli seize articles, deux entretiens et un essai, au coeur desquels les artistes et leurs oeuvres utilisent la nature comme figure significative. Cet ensemble est analysé au regard des processus favorisant l’invention d’une l’identité chilienne.


Pour citer l'article :

Amarí Peliowski D. - Catalina Valdés E. - « Présentation du numéro 3 », in Présentation du numéro .
(c) Artelogie, n° 3, 2012.

URL: http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article152

Imagen de la nación : arte y naturaleza en Chile

¿Se puede hablar de un arte nacional ? ¿Son reductibles las expresiones artísticas a las fronteras políticas y geográficas ? ¿El arte, era antes regional y ahora pasó a ser global ? La imbricación entre nación y naturaleza es, sin ninguna duda, un aspecto recurrente de la modernidad, sobre todo durante el siglo XIX, cuando la naturaleza adquiere el estatus de símbolo de la nación, señalando con ello de manera metafórica su territorio y su población. Después de constatar la presencia del tema de la naturaleza en diversas manifestaciones de la identidad cultural en Chile, emerge una serie de preguntas a propósito del arte en este país.

¿Existe un arte chileno ? Frente a una respuesta afirmativa : ¿expresa éste una identificación entre la nación –concebida como construcción no solo ideológica, sino histórica e imaginaria- y las representaciones del mundo natural ? ¿Es acaso la naturaleza un tema propio del arte de Chile, o se trata de una interpretación impuesta, simplemente azarosa, o incluso, un reflejo más de la fascinación casi universal del mundo del arte hacia la naturaleza ? ¿Dentro de cuáles confines –estéticos, lingüísticos, ideológicos- se encierran las definiciones de naturaleza y de chilenidad ? En torno a esta serie de cuestionamientos, hemos reunido un conjunto de dieciséis artículos, más dos entrevistas y un ensayo, en los cuales se abordan diversas manifestaciones artísticas, artistas u obras que usan la naturaleza como figura significativa y/o material, relacionando estos objetos de estudio con el proceso de construcción de una identidad chilena.

Sin pretender imponer en nuestra convocatoria una relación de causalidad positiva ni afirmar con certeza la existencia del vínculo entre la conformación y transformación de un imaginario nacional con la representación artística de la naturaleza, recibimos sin embargo un abundante número de trabajos en los que escasamente se cuestionó la relevancia de las figuras de la naturaleza dentro de la escurridiza identidad cultural chilena. Comprobamos con ello el interés que genera abordar críticamente un asunto que se hace aún más relevante en una época como la actual, en que los temas de conservación y tratamiento de la naturaleza son cada vez más contingentes y polémicos, y en que la identidad local se funde, por una parte, con caracteres mundiales, y por otra, se fortalece con la voluntad de distinción dentro del contexto actual de homogeneización de los grupos humanos. Por último, pensando en el momento político que está viviendo Chile ahora que, después de un largo y aletargado período de transición desde la dictadura a la democracia, se comienzan a avivar ciertos movimientos sociales, la expresión ciudadana y la celebración de la heterogeneidad, consideramos importante cuestionarnos críticamente por el rol del arte y de la cultura en general en un cierto ‘despertar social’, preguntándonos por cómo miramos (y nos apropiamos) desde nuestras ciudades —bastiones (cuestionables) de la "civilización"— del mundo natural que nos rodea, que ocupa la mayor cantidad de espacio físico de Chile y buena parte de nuestro imaginario nacional.

El carácter multidisciplinario de las colaboraciones que presentamos en este número responde, por una parte, a nuestra intención inicial de abordar el núcleo temático arte-naturaleza-nación desde varios puntos de vista, y por otra, confirma la contingencia y transversalidad de un tema que compromete y atraviesa múltiples prácticas teóricas, entre ellas la historia (de las sociedades, de la ciencia, del arte, del cine, de la arquitectura, etc.), la sociología, la antropología, la geografía, la estética, la literatura y la lingüística.

De un origen a un no-origen

Dos textos de este dossier (el ensayo de Frerot y el artículo de Carvajal) tratan la temática de exilio, aunque de manera bien distinta. Esta figura del exilio se nos presenta como un símbolo de la búsqueda del origen (operación que consideramos fundamental para abordar el tema propuesto en este número), como metáfora de la distancia con la que miramos Chile desde Francia, y como síntoma de la construcción de un imaginario chileno que, desde las crónicas de Alonso de Ovalle hasta la música folclórica de Inti Illimani, se ha ido construyendo desde la nostalgia. Así, nos servimos de la potencia significante de esta imagen del destierro para ordenar este corpus de escritos y situar los textos de Frerot y de Carvajal respectivamente en el principio y en el final del índice, proponiendo así un trayecto para la lectura. Este relato narra de cierta manera una historia de apariciones de la naturaleza en el arte que va desde la descripción de un mundo natural que se identifica con el origen personal e íntimo (Frerot), pasando por la identificación política, social, científica y económica, hasta alcanzar una naturaleza que sobrepasa los límites de la comunidad, para conformarse incluso como metáfora del no-origen (Carvajal).

El vínculo entre naturaleza, identidad nacional y arte es estudiado en el dossier que presentamos en sus diversas aristas, dando cuenta de su complejidad. Desde una perspectiva intimista, que asocia historia personal con historia nacional y sitúa la naturaleza en un origen primario e introvertido (ensayo de Frerot), observamos luego un tránsito a una dimensión ya definitivamente ideológica del tema, donde la imagen natural y la imagen nacional experimentan una suerte de fusión, analizada desde la perspectiva de la instrumentalización del imaginario vegetal, geográfico e indígena por parte, tanto de instituciones nacionales y agentes de poder, como de sujetos situados en opuestos espacios de disidencia (artículos de Ahumada, Gaudin, Dümmer, Dupuy, Le Bonniec, Lemouneau, Valdés). Otra perspectiva que se despliega es aquella que observa la "vida" de las imágenes que retratan el vínculo entre arte y naturaleza, analizando su fortuna crítica dentro del ámbito social, lingüístico o teórico. Con esta perspectiva, podemos constatar un proceso de independización de la obra, en el cual la representación de la naturaleza y la conformación de identidades se juegan en las complejas relaciones de retroalimentación entre creadores, mediadores, historiadores, críticos y usuarios/receptores de las imágenes (Chávez, Díaz, Santa Cruz). Al final de este recorrido situamos los textos que constatan un quiebre en el vínculo entre arte, naturaleza y nación, identificando una superación de los determinismos que confinan a los distintos conceptos que trabajamos en el dossier (las fronteras de lo criollo, en García ; de lo sublime en Deymonnaz ; las fronteras de lo típico y de la identidad popular, en Caviedes, Codelia y Aranda ; las fronteras de lo comunitario y de lo natural, en Pochettino ; las fronteras de lo cultural, en Tironi y Anwandter ; y las fronteras de la identidad, en Carvajal).

Las entrevistas (escrita) al historiador Rafael Sagredo y (filmada) al filósofo Miguel Rojas Mix se despliegan como ejes transversales a las perspectivas recién enumeradas, planteando ambos intelectuales sus análisis de los imaginarios naturales en las épocas virreinales y luego republicanas, por las diferentes figuras que componen la identidad nacional así como también de los mecanismos de poder y su manipulación de la imagen nacional. Las entrevistas son una ocasión además para exponer sus respectivas visiones sobre la actualidad respecto al campo ampliado de sus intereses, que van desde estudios históricos, al rol de las instituciones públicas en la gestión de archivos, o el cómic.

***

Entrevistas

Ejerciendo una intensa labor de renovación historiográfica, Rafael Sagredo ha estudiado los mecanismos de composición de la imagen de la nación a través de múltiples soportes de inscripción identitaria : desde el cuerpo hasta el territorio, la historia de aquello que entendemos como lo chileno está marcada por las fuerzas de la naturaleza. Historiador de terremotos, cartografías, toponimias, viajes científicos y políticos, Sagredo explica la importancia de las imágenes en la producción de naturalistas como Gay, Domeyko y Philippi en el Chile del siglo XIX, reconociendo que su función va mucho más allá de la simple ilustración. Por otro lado, desde su intensa actividad de académico, autor, editor y conservador del archivo histórico de la Biblioteca Nacional, Sagredo comenta la actualidad de la práctica de la historia en Chile.

Estudioso de la construcción de imaginarios del continente americano a través de múltiples medios (escritura, plástica, urbanismo, cómic), Miguel Rojas Mix revisa en esta entrevista la historia del continente desde el encuentro con Europa hasta nuestros días, en relación a cómo se han constituido imágenes que representan su singularidad regional, con la intervención de diversas corrientes ideológicas, la incorporación de distintos actores y el estímulo de varios eventos históricos. Abordando diferentes fuentes de artistas, escritores y científicos que ejercieron enorme influencia en el desarrollo cultural de América (ej. Humboldt y el Abate Molina, Rugendas y Gay, Breuil y Lévi-Strauss), deteniéndose también los artistas que han logrado construir (o condenar) con sus obras un imaginario local (ej. Matta y Kahlo, García Márquez y Borges), y repasando también las historias de aquellos extranjeros que se vieron influenciados por la experiencia o las imágenes de América (ej. Pissarro, Shakespeare, Milo Manara), Rojas Mix logra establecer para nosotros un panorama general de los movimientos que ha experimentado la imagen de América y de Chile a lo largo de cinco siglos. Para esto, revisa las representaciones de los diferentes actores de esta imagen : la naturaleza, el paisaje, el campo, las ciudades, el indígena, el mestizo, el patrón, el inmigrante, etc.

Ensayos

Frerot, en el único ensayo de este dossier, trabaja sobre la obra pictórica de la artista valdiviana radicada en Francia Vivian Scheihing, abordando la importancia de la memoria de infancia de la artista en la concretización de sus pinturas. Tanto la experiencia traumática de la catástrofe natural (terremoto y tsunami de Valdivia de 1960), como los recuerdos del paisaje chileno modelarán su visión sobre la experiencia personal, un "paisaje interior" marcado por la memoria, y una memoria marcada por la naturaleza.

Artículos

Dentro del grupo de textos que conforma nuestro dossier, el autor que va más atrás en términos cronológicos es Gaudin. Su artículo propone una lectura de las crónicas de Gerónimo de Vivar siguiendo la clave de la naturaleza y descubriendo las múltiples modelaciones que esta adquiere. En tanto ejemplo del género y de los tópicos de la literatura renacentista, la naturaleza se presenta como promotora de sorpresas y maravillas al cronista, quien es a la vez testigo de la historia de los primeros años del proceso de “conquista” de Chile. En este mismo sentido, ella es objeto de descripciones que más responden a códigos estéticos y congnitivos de la época que a la realidad. Con ello, Gaudin destaca el texto de Vivar como fundador de una serie de apreciaciones sobre la naturaleza del territorio chileno que luego pasaron a ser convencionales, con sus respectivas extensiones metafóricas e incluso toponímicas.

El artículo de Ahumada plantea una lectura ideológica de la noción de paisaje chileno a través del análisis de una serie de imágenes de diverso género que tienen un denominador común : la presencia de la cordillera nevada. Partiendo de la hipótesis de que se trata de imágenes fundacionales que responden a la ideología de la clase dominante, centralista y elitista, la autora compone una secuencia iconográfica evidenciando los mecanismos de conformación de identidad nacional que en ella se activan, tales como la idea de frontera, costumbrismo, determinismo, etc. Este recorrido le sirve además para poner en cuestión el tópico del “espacio vacío” como aspecto carácterístico del paisaje chileno despojado de habitantes, introduciendo una interesante reflexión historiográfica en torno a las representaciones de sujetos subalternos durante el siglo XIX.

Observando el mismo período histórico, Valdés busca llenar un vacío historiográfico al rescatar la figura de Antonio Smith, persistentemente dejada de lado por la historia del arte chileno. La contrapone a la más explotada de Alessandro Cicarelli para establecer los inicios de la pintura de paisaje a mediados del siglo XIX en Chile. Comparando una pintura de paisaje que cada uno de estos artistas dedicó a una misma vista (la de la ciudad de Santiago desde los faldeos cordilleranos de Peñalolén), analiza la versión chilena de la pugna entre dos tendencias (la romántica y la clásica) del arte y de la estética universales del siglo XIX.

Con similar intención de revisar el relato historiográfico del arte del siglo XIX, Díaz revisa los mecanismos de los que se valieron artistas e instituciones para apropiarse de los géneros artísticos europeos. El autor reconoce en su análisis la particular fortuna que adquiere durante el siglo XIX el paisaje, y pasa a analizar el modo en que ello ha sido interpretado por la historiografía chilena a lo largo del XX. Con est deconstruye un relato nacionalizante de la historia del arte, que pretende establecer un vínculo de identificación lineal entre lo chileno y lo natural, explicitando de este modo la necesidad de revisar las fuentes, renovar las lecturas y amplificar las miradas que nos conducen a valorar de un nuevo modo el pasado, tanto del arte como de la historia del arte en Chile.

Dos artículos analizan la imagen de Chile en el exterior, coincidentemente en un mismo período histórico : las décadas de 1920 y 1930 del s. XX. En el primero, Dümmer aborda la manifiesta voluntad del gobierno chileno durante las primeras décadas del siglo XX de superar el imaginario salvaje, exótico y tropical con el que se asociaba comúnmente a América Latina y a Chile por extensión. Por medio del estudio del pabellón chileno construido para la exposición internacional de Sevilla de 1929 —analizando su estilo arquitectónico y la elección de los objetos contenidos en él—, la autora logra delinear el panorama ideológico de un país empujado por una cierta idea de progreso, valor asociado por ese entonces a factores específicos del clima y de la raza. Por su parte, en su artículo sobre la vida y obra de Rockwell Kent, Dupuy analiza en particular el paso –poco conocido en Chile— de este viajero estadounidense por la Patagonia y los abundantes registros en texto, pintura, dibujo y fotografía que produjo durante su viaje. Enfocando su estudio en el efecto e influencias que este conjunto de documentos y obras de Kent tuvo en su país de origen, Estados Unidos, el autor reflexiona en torno al grupo de imágenes con el que este explorador aportó durante la primera mitad del siglo XX a la construcción de un imaginario de Chile en el extranjero : una imagen paradisíaca que vino a reemplazar la perdida imagen "salvaje" del recién conquistado oeste americano.

El interés expresado por viajeros, misioneros y exploradores europeos del siglo XIX sobre los paisajes y habitantes del sur de Chile, alimenta las interrogaciones que Le Bonniec plantea en el marco de la situación contemporánea de los Mapuche. Desde una perspectiva etnohistórica, Le Bonniec reflexiona sobre la situación territorial, política y social de los Mapuche frente al Estado chileno, estableciendo paralelos y correspondencias desde el estudio de las representaciones paisajísticas europeas, la construcción e instalación de imaginarios sociales y culturales. Desde la óptica del autor, este tipo de análisis contribuye a desentrañar las reminiscencias y contradicciones de un ideario nacional e identitario, elementos que pueden aportar a la comprensión de las demandas territoriales Mapuche de finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

Dos artículos proponen revisar la producción crítica como creadora y fijadora de ideales del mundo natural. Dando en cierta forma continuidad al artículo de Díaz ya mencionado, Lemouneau revisa la apropiación de la producción paisajística decimonónica por parte del aparato cultural de la dictadura (1973-1990), instituyéndola como una suerte de "tradición clásica" al mismo tiempo que expresiva de un "origen" cifrado en las particularidades de la naturaleza del territorio chileno. A esta política, sintomática expresión de las concepciones militares de la geografía, la historia y el arte entendido como ilustración de un determinado orden social, se le opuso la producción artística y crítica de los años 80 conocida como Escena de Avanzada. El gesto de resistencia fue también fundacional, puesto que este grupo de artistas y críticos se autoinstituyó como el iniciador del arte chileno, rechazando el arte del siglo XIX como europeizante.

Por su parte, Santa Cruz propone revisar los primeros escritos existentes en Chile sobre cine nacional (décadas de 1910 y 1920), para determinar cómo en ellos se plantea el uso de figuras naturales (cordillera, mar, campo, e incluso el indígena y el personaje típico chileno) como expresivos de un imaginario –o un pretendido realismo— de lo nacional, propio, territorial. Acertadamente abordando la crítica de cine nacional como un creador de regímenes de significación y estereotipos tan importantes como –y no necesariamente correspondiente con— la creación de imágenes cinematográficas misma, el autor sugiere caracterizar, en primer lugar, la aparición de la naturaleza en el cine chileno primitivo como un vehículo propagandístico de la "imagen-país" : un discurso colectivo de lo oculto, de lo desconocido del propio territorio. En otra lectura, la naturaleza funciona más bien como una herramienta que debe ponerse al servicio de la modernidad y la industria cultural del cine, una riqueza a explotar.

Utilizando el análisis semiológico como herramienta de examinación de la ciudad y sus símbolos, Chávez desgrana los diferentes elementos sociales, culturales e ideológicos que han hecho del Cerro Santa Lucía históricamente un ícono de la ciudad. Usando para esto los escritos del intendente Benjamín Vicuña Mackenna, quien remodeló el cerro para transformarlo en un paseo público inaugurado en 1874, la autora analiza cómo la instrumentalización y dominación de la naturaleza se condice con las idea de progreso e higiene dominantes en la época republicana, y cómo la remodelación del cerro resemantiza su lugar en la ciudad.

En su lectura sobre la importante pieza de la literatura chilena contemporánea Casa de Campo, García reflexiona sobre la dimensión alegórica de la naturaleza en la conformación de la identidad chilena que aparece cifrada en los personajes de la novela. La naturaleza es, precisamente, un personaje dentro de ella y, al mismo tiempo, constituye el espacio intersticial entre ficción y realidad, entre literatura y política, historia o sociología. Este artículo nos muestra además, el cambio histórico que experimenta la función de la naturaleza en la literatura chilena : tras el uso teñido de positivismo que le dieron autores de la primera mitad del siglo XX, donde naturaleza equivalía a ambiente determinista y lo criollo, rural o campestre era asimilido con lo propio y auténticamente nacional, la obra de José Donoso marca el paso a una comprensión de la naturaleza como parte de una gran ficción. El arte y el paisaje forman, en este sentido, una máscara alegórica o “segunda naturaleza” intensamente expresiva de las fuerzas ideológicas y de las relaciones de poder al interior de la sociedad chilena.

Desde una perspectiva interdisciplinaria que asume la experticia del trabajo en terreno propia de la geografía con las habilidades interpretativas de los estudios culturales, el artículo de Caviedes, Codelia y Aranda se detiene a analizar uno de los resultados más concretos del vínculo arte/naturaleza : la producción de artesanía. El uso de materias primas vegetales autóctonas y de motivos iconográficos tradicionales pareciera garantizar la autenticidad de un objeto artesanal. Sin embargo, los autores de este artículo nos muestran, a través de un riguroso estudio de dos casos de la zona central de Chile, que las prácticas artesanales hablan más del presente económico y social de una comunidad, de un país y de un consumo de bienes culturales en general, que de una identidad popular que responde a los parámetros de lo “típico”, supuestamente ajena a los vaivenes de la historia y de la economía.

Tres artículos intentan desdibujar las fronteras teóricas y políticas que encierran el espacio natural y el espíritu nacional. Abordando la tensión entre entre representación y objeto, simulacro y realismo, paradigma científico y experiencia sensible –elementos en juego en la operación de describir el mundo—, Pochettino reflexiona sobre la caracterización del paisaje como cosmos y las figuras que lo habitan como comunidad, nociones que observa en las obras del artista contemporáneo Elías Santis. Situando en un lugar ambiguo las fronteras de lo nacional y de lo natural para hablar más bien de una colectividad cósmica y de una naturaleza simulada, la autora propone pensar la figura del paisaje tal como aparece en la obra de Elías como una herramienta de puesta en crisis de los relatos nacionales, y también como un espacio de diálogo para definir nuevas micro-comunidades. Por su parte, moviéndose entre ironía y reflexión filosófica, los autores Tironi y Anwandter buscan en su artículo analizar la construcción social de las categorías naturaleza y nación, moviéndose pendularmente entre fijar severamente las categorías de naturaleza y cultura en el contexto chileno, y deconstruir y desarmar la estabilidad de estos términos. Analizando la obra poética de Nicanor Parra (1914) y de Raúl Zurita (1950), y además el film Huacho (2009), se examina en este artículo las mediaciones que intervienen en los actos de lectura, difusión y visualización de imágenes, y que permiten la producción, interpretación y mutación de ambos espacios : lo natural y lo cultural en Chile. Por último, el artículo de Carvajal analiza la experiencia del desplazamiento y la emigración sin origen expresadas en el film El eco de las canciones (2011). En este trabajo se explora la desfiguración y desplazamiento de las imágenes tradicionales del exilio durante la dictadura chilena, trabajada en el documental de Antonia Rossi. Abordando las relaciones entre memoria colectiva e individual, y los límites ambiguos entre realidad y ficción propias a la historia y al cine, la autora investiga en particular las imágenes de espacios y catástrofes naturales presentes en el film como símbolos de la pertenencia (territorial y afectiva) quebrada, indefinida y fluyente del exiliado.

Consideramos que este grupo de artículos representa un aporte tanto de estudios de casos —que se constituyen como perspectivas críticas de alcance general—, como también de herramientas teóricas y bibliografías que nutren el campo de los estudios sobre la cultura y la identidad nacional. Lo hace, como hemos planteado, desde las particularidades metodológicas de cada campo disciplinar pero en un estimulante cruce y diálogo que los enriquece a todos.

Antes de cerrar esta presentación, agradecemos a todos quienes contribuyeron en la preparación de este dossier y de manera especial a Esteban Villarroel, quien colaboró ampliamente en este proceso.

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